En este momento ávido de cambios, revoluciones y nuevas ideas, necesitamos más que nunca y con urgencia de la creatividad, la única garantía de sostenibilidad empresarial, personal y social.
Sin embargo, a pesar de ello y de que según Gary Hamel «el ser humano es creativo por naturaleza y ésa es una condición humana irrenunciable», muchas personas ejercen esa creatividad fuera del entramado empresarial: redactan un blog, tocan rock, hacen bricolaje o la vuelcan en cualquier otra afición o manifestación artística.
G. Hamel es un reputado gurú estadounidense que ha encabezado durante tres años consecutivos el ranking anual de Excelencia Ejecutiva que realizan las revistas de economía, y ha sido designado por el Wall Street Journal y la revista Fortune como pensador experto y líder de estrategia empresarial a nivel mundial respectivamente. El pensador sostiene que ese mal uso de la creatividad se debe a la cultura de la desconfianza predominante, ya que las organizaciones continúan rigiéndose por estructuras jerárquicas que se enfocan en controlar más que en crear valor. Y en ese contexto, ser eficiente exige tal nivel de implicación que sólo los más motivados consiguen aportar ese valor. Por eso aconseja: «no desconfíe del empleado: crea en él o despídalo» porque la cultura de la desconfianza está abocada al fracaso empresarial, más tarde o más temprano.
Según el autor, el único camino posible es el de la creatividad, es decir: competir con innovación. Revolucionar la organización empresarial otorgando poder, confianza y libertad al equipo, liberando la creatividad reprimida y confiando que sabrá estar a la altura. Motivar y aprovechar las energías del equipo de forma horizontal y proporcionar a los profesionales las condiciones para que puedan rendir, lo que conecta mucho mejor con una organización más difusa y horizontal, en la que no se responde ante los superiores sino ante los colegas. Organizaciones más relacionadas con la cooperación que con el estatus, tal y como se experimenta en la red, donde fructiferan las wikieconomías, los wikipedias o el software abierto.
El entramado empresarial es uno de los motores del mundo, para que negarlo, por eso es urgente dotarlo de cooperación, sentido y consciencia. No obstante, no es el único motor. Gary Hamel no sólo aplica sus teorías al mundo de la empresa y al de los emprendedores, sino que también extiende sus razonamientos al mundo espiritual y personalmente, creo que también podría extenderse al ámbito de las ONGs, lo que las dotaría de sostenibilidad.
CONTINUARÁ
Aprovecho el momento estacional para reencontrarme con este espacio y su energía renovadora, tan alineada con la propia del mes de septiembre. Un sitio para inspirarte en el avance hacia tus sueños que te ayuda a conseguir tus proyectos… Por eso, por la conexión con el momento estacional, he decidido iniciar el post con un Haiku, un recurso japonés excelente para conectar con el momento presente a través de un poema:
Llegó septiembre
Súbete a su brisa
Libreta blanca
Las páginas en blanco abren todas las posibilidades ante nosotros y sin embargo, en numerosas ocasiones, también son causa de vértigo. Todo está por escribir y por suceder. Por eso para ayudar a motivar el momento, y compensar la cierta pereza que también causa, me he animado a escribirte seis breves consejos, que espero que te sean útiles:
Recuerda que soñar es gratis, así que activa tu potencial y no te conformes con poco, porque si te conformas con poco obtendrás poco.
Escribe tu sueño, asígnale prioridad y anota la fecha en que se cumplirá. Si hace falta, dale nombre. Cuando acabes la lista, si ves impedimentos para conseguirlos, anótalos en una segunda columna al lado de tus sueños, y en una tercera, lo que puedes hacer para compensarlos o hacerlos desaparecer. ¿Qué viejos hábitos podrías modificar?
Imagínate logrando tu sueño, tal como lo has descrito y en el plazo indicado. Sorteando todas las dificultades y con todas tus capacidades a pleno rendimiento.
Deja de pensar que tu impedimento son los demás -tu jefe, tu pareja, tus padres o la crisis– algo que consume mucha energía y sólo te orientará al pasado. Céntrate en el presente, fluye con los acontecimientos y actúa.
Afronta las dificultades que surjan y no dejes de creer en ti, céntrate en la solución y no en el problema. Si tu sueño a largo plazo, márcate objetivos acordes a corto y a medio plazo.
No sólo porque te sentirás bien, útil o porque es inspirador. Todo ello es fundamental, ¡claro! Pero recuerda que, en el ejercicio de tu talento, transcender la realidad propia es garantía de éxito. Son los demás los que dan sentido a lo que haces.
En línea con este último factor y con el de la orientación a la acción, os recomiendo también una lectura: una espléndida Contra de La Vanguardia de Swami Parthasarathy.
Agosto en nuestro país, es el mes de vacaciones por excelencia. Tras la vorágine de los últimos días de julio, en los que parece que sea el fin del mundo y que no va a ser posible llegar a ellas, encontramos la puerta de salida y huimos en estampida, ¡donde sea! Y entre las vacaciones de los unos y de los otros, síndromes pre y post vacacionales y fiestas de septiembre varias, nos plantamos en el mes de octubre como si tal cosa, con el bolsillo disminuido pero ¡que nos quiten lo bailado!
Son costumbres arraigadas incluso en tiempos de globalización, que pocos países comparten y que a muchos les cuesta entender. La verdad es que a mí me costaría renunciar a ese mes y me gustan todas las modalidades: verano completo en la playa, con siestecita y “vuelta y vuelta” al sol, verano en la montaña, viajes lejanos, destinos paradisiácos, retiros cercanos con encanto, etc. En realidad, lo que más me ha costado siempre es quedarme y sin embargo, ahora también le estoy encontrando la gracia. Resulta un buen plan hacer algunas escapadas estratégicas al año, fuera de fechas señaladas, y «hacer» vacaciones también por aquí, encadenando planes de pocos días: los viajes salen más económicos, los destinos están menos masificados y, al fin y al cabo, la playa la tenemos ahí mismo.
Sea cual sea tu opción, más que irte ¡haz vacaciones! Permítete esta huida, aunque sea hacia adelante, ¡que ya habrá tiempo de volver! No habrán novedades laborales en agosto… aprovecha para vaciarte, respirar aire fresco e inspirarte.
¡Nos vemos pronto! Para regenerarnos, replantearnos el futuro y continuar juntos con esa reinvención constante que nos ayuda a ser cada vez más felices. Y entretanto, te deseo que disfrutes de estos días y para abrir boca, os dejo con un vídeo muy refrescante de la película «Pequeñas mentiras sin importancia» (Les petits mouchoirs) de Guillaume Canet:
A raíz de referencias a C. G. Jung que he incluido es este blog, como las del artículo de la semana pasada basado en el libro «Demian» de Herman Hesse, he pensado que estaría bien identificarlas como cápsulas de psicología junguiana y publicar de vez en cuando artículos relacionados. Mis referencias se basan en el libro: “Introducción a la Psicología Junguiana”, de Robin Robertson.
De alguna manera, Jung tiene mucho que ver con la temática de este blog al ser un referente en temas de desarrollo personal, ya que muchos de los conceptos y teorías que utilizamos en el ámbito de las personas, tanto en aspectos individuales como sociales, así como cuando tratamos temas de motivación y desarrollo personal o profesional, surgen de los modelos de Jung y su forma de entender la Psique.
C. G. Jung fue discípulo de Freud, aunque su separación de él acabó siendo inevitable, ya que contemplaban el mundo bajo prismas muy diferentes, lo que le hizo que el primero tuviera que emprender un sendero solitario en lo que se refiere a la exploración del inconsciente colectivo que subyace en la conciencia individual. Para establecer sus teorías, utilizó el modelo triuno de McLean, que modeliza el cerebro como tres partes separadas y superpuestas, cada una de ellas pertenecientes a diferente fase evolutiva:
1) El cerebro reptiliano (complejo R) que tiene 250 millones de años y está relacionado con el instinto (territorialidad e individualidad). Juega un papel importante en nuestras conductas agresivas, territorialidad, rituales o en el establecimiento de las jerarquías sociales.
2) El cerebro mamífero (sistema límbico) que tiene 150 millones de años y tiene que ver con la emoción (socialización, amor y religión). Gobierna la conciencia social y relacional: pertenencia, cuidado, empatía, compasión y preservación del grupo.
3) El cerebro primate (neocortex), de tan sólo 10 millones de años y vinculado a la mente (evolución cultural y desarrollo). Orientado a estímulos exteriores y funciones cerebrales más elevadas: razonamiento, deliberación, lenguaje y tareas complejas de percepción y visión.
El concepto junguiano del inconsciente colectivo es el reconocimiento de que la historia ancestral tiene una gran influencia en nuestras vidas, no sólo físicamente, por la herencia evolutiva en el cuerpo en general, sino también en nuestra estructura neurológica, y Jung llegó a la conclusión de que existían unos cimientos colectivos para la Psique, más allá de las propias vivencias, de donde proceden las imágenes de los mitos, los sueños y las fantasías. Además, el fue el primero en utilizar la palabra Psique para referirse a la totalidad de nuestros procesos psicológicos, en contraposición con la utilización hasta entonces de cerebro o mente, conceptos anclados exclusivamente en la parte física de dichos procesos.
Según Jung, toda conciencia emerge del inconsciente, la madre final de todo lo viviente y la razón por la que existe la conciencia y hay un impulso para ampliarla y profundizar en ella, es sencilla: “sin conciencia las cosas van peor”. Por otro lado, Jung se dedicó a estudiar en profundidad el proceso de individuación, que es el proceso de ampliación de esa conciencia. En sus propias palabras: “Individuación significa llegar a ser un individuo y, entendiéndolo como nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, es decir, llegar a ser uno Mismo.” Así, podríamos traducir individuación por mismación o autorrealización.
¡Ojalá que estos conceptos te interesen tanto como a mí!

(Este artículo es el segundo de la serie cápsulas de Psicología Junguiana de este blog)
Hace algún tiempo participé en una escenificación improvisada que desató un raudal de emociones inesperadas, cual Caja de Pandora. Un derroche de emociones contrastadas que nos sorprendió a los presentes y trajo a mi mente un libro que me impactó en la adolescencia: «Demian» de Herman Hesse. Al releerlo, he encontrado las respuestas que necesitaba, muy diferentes a las de entonces y me ha impresionado su perspectiva. Nada menos que C. G. Jung dijo sobre este libro:
“El libro causó en mí, lo que la luz de un faro en una noche de tormenta.
Tiene el mejor final posible y es ahí donde todo lo anticipado tiene un final,
y dónde todo empieza de nuevo como al principio del libro,
con el nacimiento y el crecimiento de una nueva persona.»
El relato de Hesse cuenta la vida de Emil Sinclair, un chico con una forma de pensar diferente a la habitual, que se siente confundido sobre el sentido de su vida, al percibir que posee dos lados, el bueno y el malo. El lado bueno es el de su casa y familia, donde todo es agradable y aburrido, bajo la protección de sus padres. El lado oscuro está fuera de ese hogar cómodo, es un mundo incierto y desconocido que le atrae y le hace meterse en líos, por su necesidad de pertenecer a un grupo y sobresalir dentro de él.
Un día conoce a Max Demian, un chico maduro que le ayuda a salir de una situación adversa en la que se ha metido y le invita a reflexionar. Le ofrece una nueva interpretación de la conocida historia de Caín y Abel:
“La mayoría de las cosas que nos enseñan son verdaderas, pero también se pueden interpretar desde otro punto de vista al que nos sugieren los profesores y generalmente se entienden mucho mejor. Por ejemplo, no nos podemos quedar satisfechos con la explicación que se nos da de Caín y la señal que lleva en su frente. ¿No te parece? Alguien que mata a su hermano en una pelea, puede pasar; que luego sienta miedo y se arrepienta, también puede pasar; pero que su cobardía sea recompensada con una distinción que le proteja e inspire miedo a los demás, resulta muy extraño ../..
Se me ocurre otra posible explicación. El estigma existió en un principio y en él se basa la historia. Se trataba de un hombre con algo en el rostro que daba miedo a los demás. Nadie se atrevía a tocarle porque tanto él como sus hijos impresionaban. Quizá no llevaban una auténtica señal sobre la frente, tipo sello de correos, sino algo apenas perceptible, inquietante, como algún signo de inteligencia o audacia en la mirada ../..
Aquellos hombres tenían poder, inspiraban temor y por lo tanto, llevaban una «señal». La gente temía a los hijos de Caín porque, de alguna manera, interpretaban erróneamente esa «señal», más que como una distinción como todo lo contrario. Por eso, dijeron que los tipos con la «señal» eran siniestros, y ciertamente lo eran. Los hombres con valor y carácter siempre le han resultado siniestros a los demás. Esa audacia resultaba muy incómoda y les pusieron un sobrenombre, inventando una leyenda para justificar el miedo que sentían ../..
En realidad, lo que sucedió fue que alguien más fuerte mató a otro más débil, hermano o no, al fin y al cabo todos los hombres lo somos. Quizá fue un acto heroico, quizá no lo fue. Los más débiles sintieron temor y empezaron a lamentarse. Cuando alguien les preguntaba: «¿Y por qué no le matan?», en lugar de decir que les daba miedo o que era por cobardía, decían: «No se puede. Tiene una señal. ¡Dios le ha marcado!» Y así nació la mentira…”
Sinclair se quedó solo, sorprendido como jamás en su vida, pensando en lo lo que había escuchado: “¡Caín un hombre noble y Abel un cobarde! ¡La señal que llevaba Caín en la frente era una distinción! Era absurdo, blasfemo e infame… ”
Mucho después en el libro, Sinclair se dará cuenta que la persona que ha pintado en un retrato es la madre de Demian, sin haberla visto nunca antes. «Su encuentro con ella hace que se fundan por primera vez el mundo exterior y el interior en armonía y (…) su saludo representa el retorno al hogar, la reconciliación con esa dualidad.»
Dice Jung, que a partir de la introspección y el conocimiento de uno mismo, se crea una conciencia más allá del carácter personal que le conecta con la colectividad, e implica una creciente consciencia del propio lugar en el mundo y del sentido de la existencia. El proceso de llegar a uno mismo, se desarrolla paralelo al de conexión del ser humano con la colectividad.
El último capítulo simboliza la renovación, un nuevo comienzo que se inicia con la muerte y que indica el camino hacia la vida, a un nuevo Mundo. El proceso continúa, sólo se ha alcanzado el fin para volver a empezar. Esta vez, sabiendo Sinclair que debe escuchar dentro de él porque Demian le ha revelado que así advertirá que su presencia ya no está fuera sino dentro de él mismo. El dolor no ha terminado, pero esta vez el camino no es en soledad… le acompaña su sí mismo.
Y en esa evolución constante… Espero que disfrutes de esta escena de Coach Carter que, parafraseando las célebres palabras del histórico discurso de asunción presidencial de Nelson Mandela en 1994, aboga por liberarnos de nuestros miedos y darnos permiso para brillar, por nosotros mismos y porque eso libera a los que nos rodean para hacer lo propio:
Escribo aquí el poema de Marianne Williamson que Nelson Mandela compartió con el mundo:
“Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Además, esa grandeza de espíritu no se encuentra sólo en algunos de nosotros, sino que está en todos yal permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo.
Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros”.
Este blog ha sido mi estímulo creativo desde que lo inicié. Un espacio de reflexión, aunque eso sí, un espacio con ventanas, dónde mis silencios se vuelven más comunicativos, donde se reconcilian mi introversión con mis ganas de socializar, y todo un regalo para alguien que necesita de esas dos partes por igual. En ese sentido, cada cuál tiene su propia fórmula. Mantenerse fiel a esa fórmula es vital para el equilibrio interno, y para ser fiel a uno mismo.
Llevo unos días entregada a mi parte más social y desde ahí os escribo, desde esa parte que toma las riendas cuando lo necesita, o cuando tengo oportunidad de hacer vacaciones, en perfecta alternancia con esa otra parte reflexiva, que también revindica su lugar de tanto en tanto. La social improvisa y se empeña en explorar nuevos horizontes, o los mismos con distintas miradas. Es la que disfruta de los viajes, las reuniones, las salidas, las fiestas y la gente. La introvertida sin embargo es silenciosa, ama la soledad y la ausencia de relojes. Se queda en casa leyendo muchas veces, estudiando o escribiendo, y es desde la que suelo comunicar aquí. Es un lugar cerca del mar, que tiene la forma de aquella caleta de mi niñez, en la que rompían con tanta fuerza las olas del atlántico que desaparecían todas mis penas. Una musicalidad que me transmite paz y serenidad. Ése en el que estuve ayer.
Y vosotros ¿conocéis vuestros espacios? ¿Vuestro lugar de recreo? Os animo a compartirlos aquí, porque desde ese lugar surge vuestra creatividad. Para inspiraros un poco más, os pongo a continuación una canción de Antonio Vega en la que nos habla del suyo: “El sitio de mi recreo” y el enlace a otro lugar y momento entrañable de recreo con el mismo referente musical «Se dejaba llevar», Antonio Vega (en mi 50 cumpleaños):
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4 + 1 son las disposiciones corporales y emocionales que afectan al termómetro de nuestro equilibrio interno, según el coaching transformacional: estabilidad, determinación, apertura y flexibilidad. Sólo si esas cuatro disposiciones están balanceadas podemos adoptar un estado de centramiento -0 zen– que se considera la quinta disposición y nos permite observar desde la quietud todo el movimiento exterior:
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De poco sirve decir que seré más flexible o abierto, por ejemplo, si no conseguimos dar con el resorte corporal y emocional a dicha actitud. Nuestro discurso intelectual y nuestras intenciones se sostienen en el discurso corporal y emocional, así que tiene que ser coherente en las tres dimensiones para las 4+1 disposiciones.
Las técnicas interpretativas y vivenciales son buenas para identificar las “sombras” que están bloqueando la salida pura de las emociones, así como las creencias que las sustentan, con o sin nuestro permiso (consciencia). Interpretar y descubrir esas emociones nos permitirá reconocerlas y reconducirlas a nivel mental, corporal y emocional cuando sucedan conflictos o quiebres, ya que vamos por la vida interactuando desde nuestros personajes internos que poco o nada tienen que ver con quienes somos en realidad. De ese modo, podremos desenmascararlo y a dotarlo de autenticidad.
A continuación, os incluyo una secuencia de una película que me entusiasmó en la que el cuerpo es el encargado de comunicar: «Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs)». Se trata de una escena de silencio y quietud que sin embargo, transmite con claridad el sentir de cada uno de los personajes que intervienen. Gracias a la melodía, las personas se conectan de forma involuntaria con sus emociones no comunicadas, quizá ni siquiera identificadas, y se sumergen en ellos, dándoles luz y vida a través del lenguaje corporal.
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Maxim Nucci (Yodelice) – Talk to me
Something just changed in your soul (Algo acaba de cambiar en tu alma)
Tell me baby, what’s wrong? (Dime nena, ¿qué tienes?)
What’s going on? (¿Qué está pasando?)
Have you been crying? (¿Has estado llorando?)
Somehing just flaked in your eyes (Algo rompe tu mirada)
There’s a crack in your games (hay un quiebre en tus juegos)
like thoses broken days (como aquellos días rotos)
and I’m seeing things… (y estoy viendo cosas…)
Baby, talk to me (Nena, háblame)
Talk to me (Háblame)
Please, talk, it’s me (por favor, habla, soy yo)
Talk to me (Háblame)
Seems like the sun is shining (Parece que el sol está brillando)
on everyone but me (para todos excepto para mi)
won’t you talk to me (no puedes hablar conmigo)
this is getting scary (esto se está volviendo terrible)
Something got hold of your soul (Algo quedó prendido de tu alma)
You’re like never before (estás como nunca antes)
Is there something more? (¿Hay algo más?)
Have I missed anything? (¿Me he perdido algo?)
Baby, Talk to me
Talk to me
Please, talk, it’s me
Talk to me
Something just change in my world (Algo acaba de cambiar en mi mundo)
and it’s killing me… (y me está matando…)
Y yo añadiría una pequeña coletilla a la frase, ¡hazte emprendedor consciente! E influencia a tu entorno con valores e ideas útiles para los demás, que creen un espacio de futuro habitable, sostenible y humano, donde todos podamos desarrollarnos.
La frase que encabeza este post es el subtítulo del libro de Pau García Milá, desde la ilusión de sus 23 años y su precoz experiencia empresarial con eyeOS, creada a raíz de la concepción de un proyecto de software libre junto a su amigo Marc Cercós. Se trata de un nuevo Sistema Operativo Web, ideado para compartir información vía internet, que ya se está utilizando en 67 países y que se ha dado en llamar “La Nube” o “Cloud Computing”.
Pau es de Olesa de Montserrat, al igual que su amigo Marc, y su solución se inició para resolver un problema práctico que tenían cuando compartían información electrónica. Cuando quedaban para trabajar en las múltiples ideas que les ocupaban, siempre se dejaban algún archivo y tenían que subir o bajar la cuesta que separaba sus dos casas. Por eso, idearon un sistema de uso interno para compartir los archivos via internet que resolviera su problema práctico. En la entrevista que os incluyo a continuación, Pau explica su experiencia con claridad y sencillez, la propia de su breve y fructífera trayectoria que según él, también incorpora algún fracaso -una oportunidad de negocio desaprovechada con los creadores de twitter que podía haber sido millonaria, aunque no es fácil cuantificarla-.
Al escucharle, se diría que posee un don innato para entender las claves que mueven el mundo empresarial. De su entrevista, yo destacaría los siguientes aspectos:
1) No cree en el concepto de «ni-ni» y sí en la generación de ideas de los jóvenes. Dice que el futuro está en ellos y añade que cualquier chaval de 19 años tiene ciento de buenas ideas que deberían ponerse en práctica.
2) Dice que su proyecto cuajó porque era necesario y no tanto porque pensaran en grande (que también). Según él, triunfan las ideas que son útiles a los demás y añade que no se puede descartar una idea sin valorarla – a priori, pensó que lo de twitter era una tontería-
3) Hay que creérselo un poco y dice que eso es lo que falta en España, creérnoslo sin ir de sobrados, con ambición pero no sólo de dinero, sino de aportar algo verdaderamente útil.
4) Tres frases suyas y una de Gandhi, que reflejan su voluntad emprendedora:
Así que, además de ese posible don innato, no creo que sea desdeñable la contribución de su experiencia en el ámbito de la generación de ideas, ese algún que otro fracaso y su fantástico logro emprendedor, basado en inspiración, utilidad y perseverancia. Tres factores de éxito que tienen mucho que ver con las claves que se van repitiendo en las que se apuntan en muchos de los artículos de este blog -sean de vocación, talento, marca personal o actitud emprendedora-. Los ingredientes principales para concebir un producto de éxito son: que se diferencie (ofrezca una ventaja competitiva), sea relevante (en el sentido de utilidad) y tenga consistencia, en el sentido de genuinidad y autenticidad (talento al servicio). Y en la implementación es fundamental creer y querer (perseverar).
Y ahora… ¿Te subes a la nube?
Durante muchos años estuve convencida de no tener vocación, como si fuera una característica del ADN de la que yo carecía, un don que el creador olvidó asignarme al nacer o un capricho del azar. Esta convicción quizá viniera de la infancia, a consecuencia de las preguntas extrañas que me planteaba entonces, propias de la inocencia, y sobre todo de las conclusiones a las que yo misma llegaba, no siempre contrastadas a causa de mi introversión.
Mis preguntas tenían una lógica extraña y bastante imaginación: ¿quién pintará las líneas de la carretera? A ver si los veo un día… ¿Cómo acabarán los caminos? ¿Será en forma de precipicio? ¿Por qué el huevo al freírlo siempre cae del lado plano? Y observaba a mi madre echarlo en la sartén, intentando captarlo al vuelo… ¿Me acostumbraré a respirar el aire que despiden los coches? Si no fuera bueno, lo prohibirían… Y así crecí, rodeada de preguntas y de más que cuestionables respuestas, algunas resueltas y otras no, que nada tenían que envidiar a la célebre ¿a qué huelen las nubes? de un conocido anuncio publicitario.
Con el tiempo, la lógica fue mejorando, quizá porque tuve la “suerte” de que surgiera mi pasión por las matemáticas, o quizá fuera una “no-suerte”… porque me aferré a ellas durante muchos años, tomando mis decisiones de una forma cada vez más mental. Así elegí la carrera por “descarte”, todavía convencida de mi carencia vocacional, aunque quizá hubiera sido más útil hacerlo por “Descartes”, a través de su método científico o dejando fluir mis inquietudes… Pero ¿cómo se hace eso? El zen o la fluidez eran conceptos muy apartados de lo que había aprendido hasta entonces…
En realidad, da igual. Elijamos lo que elijamos, no es fácil acertar a la primera, todavía falta mucho por conocer… Por eso ahora, cuando viene algún estudiante despistado a verme, con preguntas sobre su vocación, pidiéndome consejo sobre lo que estudiar o hacer, yo siempre le digo lo mismo: si hay algo que te gusta, vete a por ello, y si no, estudia lo que te haga más ilusión, fórmate y empieza a experimentar opciones pronto. Sal fuera, aprende idiomas y si te equivocas, no dudes en corregir. Lo sabrás enseguida porque no te lo pasarás bien y ése es el mejor indicador. No importa si sigues sin saber lo que quieres pero no te acomodes, vuelve a intentarlo con otra cosa que te ilusione. Como decimos los de ciencias: prueba-error y aproximaciones sucesivas y al final, el talento aflorará. Con los adultos, la detección del talento es mucho más fácil porque, aunque no sean conscientes de ello, llevan mucho más camino recorrido y están mucho más cerca de su hallazgo, aunque a veces acumulen muchos más miedos y obligaciones. En ese caso, soy partidaria de hacer el mismo planteamiento pero sin procastinarlo más y teniendo siempre muy presente el Plan B.
Personalmente pienso que la vocación, nace y se hace, un poco de cada. Tenemos aptitudes, gustos y preferencias, que marcan distintos senderos para constituir un talento singular que ofrecer al mundo. Según los senderos que elijamos, lo ofreceremos desde lugares diferentes y ahí estará nuestra aportación única. Esa que puesta al servicio de los demás, nos permitirá contribuir con algo diferente y valioso, que es precisamente aportación diferencial o talento único.
Y tú ¿has descubierto ya tu Vocación? La pregunta que debes hacerte no es ¿Qué quiero? o ¿Cuáles son mis objetivos?, sino ¿Qué me hace ilusión?
Las palabras tienen el poder de conectar con nuestra historia y valores, dice Mario Alonso Puig en una entrevista que le hicieron hace algún tiempo, y por eso son capaces de estimular la emociones y activar nuestros mecanismos cerebrales. También dice el autor: “Genio se nace y a imbécil se llega”, una frase que atribuye al Director del Instituto del cerebro de Milán, asegurando que entre ambas situaciones está el sistema en el que hemos sido educados.
El cerebro responde según ha sido educado y si no estamos satisfechos con su actuación, habrá que reeducarlo. Somos vulnerables, como seres humanos que somos, y es importante reconocerlo para poder avanzar. Nuestras emociones son legítimas y es normal experimentarlas, no obstante, vale la pena no anclarnos en ellas para evitar perpetuarlas y convertirlas en estados de ánimos que conformen nuestra personalidad.
El dolor es real y las emociones asociadas, por ejemplo la tristeza, se basan en acontecimientos que nos han sucedido (hechos), mientras que el sufrimiento tiene que ver con la interpretación de esos hechos (juicios y valores) y por lo tanto es un estado mental y no emocional. El sufrimiento es una elección que podemos evitar y obedece a un estado emocional o lo que es lo mismo, a una emoción por la que nos hemos dejado llevar de manera prolongada. Acumular razones y justificaciones para mantenernos ahí o culpar a otros no ayuda a conseguir buenos resultados para nuestra vida, dice Mario Alonso Puig.
Todos somos causa y efecto de lo que sucede y, aunque hay personas cuyas actuaciones nos han dañado y ojalá las corrijan, nosotros podemos hacer algo por nuestra parte para influir en nuestro entorno y hacer que las cosas cambien. Por eso, vale la pena dar un paso adelante, aunque sea pequeño, porque un movimiento sencillo envía un mensaje poderoso a nuestro cerebro: “Yo puedo”.
Los estados de ánimo viven en el trasfondo desde el cual actuamos y no tienen que ver con los acontecimientos. Estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, estamos en un determinado estado de ánimo que hemos adoptado y no elegimos, ni controlamos de forma cotidiana. Una vez en él, nos comportamos dentro de unos parámetros que condicionan nuestra actuación. Para rediseñarlos, debemos tener presente:
Una vez que somos capaces de identificar un estado de ánimo, vale la pena identificar los juicios que lo sostienen:
Estas preguntas son clave para identificar el estado de ánimo en que nos encontramos y desde el que actuamos. Sólo entonces, podemos transformarlo.
Algunas personas descubren su talento a una edad temprana, como una revelación, lo que les permite ejercitarlo desde muy pronto y desarrollarlo a lo largo de su vida. Sin embargo, no es lo más frecuente. Para la mayoría de nosotros, el talento se manifiesta a lo largo de la trayectoria profesional, a menudo en la madurez y tras experimentar es diversos ámbitos. Es entonces cuando podemos optar a ejercerlo.
En palabras de F. Pitcher Johnson jr. -creador de Amgen, Tandem, Teradyne- y toda una leyenda emprendedora que ha inspirado a varias promociones de Stanford: “No todos servimos para todo, pero todos servimos para algo.” Y añade que algunos de sus amigos dirigirían bien equipos de 700 personas y sin embargo, se estrellarían dirigiendo uno de siete. Por eso, Pitcher siempre come acompañado: “Si te quedas en el despacho no pasa nada. Jamás vino a verme una oportunidad cuando estaba sentado allí solo.” Y así es como fue configurando su red de contactos, la lista de personas de confianza con un talento concreto, con los que relacionarse cuando llegara el momento. Porque según Pitcher, tener talento es “haber descubierto para qué sirves”. De cada diez empresas que Pitcher creaba o en las que invertía, una salía muy bien- 20 veces la inversión-, tres o cuatro bien -doblaban la inversión- y el resto acababa zombi, por lo que acababa siendo vendida. Su conclusión es que para que una empresa sea una buena inversión, tiene que ser innovadora, pero, sobre todo, tiene que haber personas dispuestas a comprar esa innovación, porque están convencidos de que será útil.
Una vez más, aparece es el sentido de hacer algo útil o el servicio a los demás, al que también me refería cuando os hablaba de marca personal. Si me apuras, podría tener sentido sólo para ti y ya estaría bien, pero si te trasciende se hará sostenible y se creará un círculo beneficioso que alcanzará a muchos más. Si no somos conscientes de nuestro talento, es imposible que lo ejerzamos o lo proyectemos. Poreso, ante todo, tenemos que hacernos las siguientes preguntas: ¿Quién soy? ¿Qué sé hacer? Y respondernos en la siguiente clave:
«Yo soy:
lo que valoro (valores),
lo que me hace competente (habilidades)
y lo que persigo (aprendizaje).»
Si sólo nos proyectamos desde el tercer punto, desvirtuamos nuestro aprendizaje y nos movemos desde la carencia. Sin embargo, cuando lo hacemos desde nuestros valores, y ponemos nuestro talento a su servicio, nuestra búsqueda cobra sentido y desarrollamos el aprendizaje que nos permite definirnos, conduciendo nuestra conducta en coherencia.
Muchas personas descubrimos nuestros verdaderos talentos después de cierto recorrido, cuando adquirimos el nivel competencial que nos permite gestionar adecuadamente nuestros valores o la experiencia que se requiere para ejercer ciertas competencias interpersonales. Aunque, tanto si lo hacemos más temprano como si lo hacemos más tarde, el aprendizaje será continuado y le dará sentido a toda nuestra vida, y ojalá a nuestra profesión porque entonces, será valiosa para los demás y en consecuencia, sostenible.
Esta primavera, se vienen sucediendo todo tipo de acontecimientos de carácter colectivo: humanos, políticos, deportivos y algunos personales en mi caso. Una pulsión de vitalidad y renovación sobre la que quería escribir desde hace días sin acertar el tono, por tener emociones dispersas, e incluso contrapuestas, aunque llenas de esperanza: sobre la humanidad, sobre otras realidades posibles, sobre la importancia de celebrar y compartir la alegría, con cualquier escusa.
Hoy me he animado a hacer esta entrada, al releer la entrevista que Víctor Amela hizo el pasado mes de agosto a Michel Maffesoli, un “sociólogo de lo cotidiano”, un intelectual lúcido, penetrante y de prestigio –interlocutor de personajes tan dispares como Sarcozy, Obama o Benedicto XVI-, experto en iconologías y que recorre con acierto los mitos de nuestra sociedad contemporánea en su libro “Nuestras idolatrías postmodernas”, ofreciéndonos un interesante perfil sociológico de lo que somos y de nuestros más profundos deseos.
Maffesoli se define como un viejo anarquista y dice que jamás ha votado, además de considerarse un pagano, ya que pagano viene de pagus, es decir terruño: ¡este de aquí y ahora! Y añade que no pretende paraísos futuros, terrenales o celestiales. No cree en mundos mejores, sino que prefiere éste, a pesar de todo. Una creencia postmoderna, politeísta, en la que no existen verdades absolutas y nos encontramos ante un escenario de verdades menores y relativas con las que relacionarnos. Un escenario de religiosidades difusas y variopintas, plural y a la carta.
Desde el siglo XVII, el modo occidental de socializarte era educare –educar-: sacarte de un estadio –de animalidad y barbarie- para conducirte a otro –de humanidad y civilización-. No obstante, el modelo postmoderno es otro: la iniciación, que se basa en la creencia de que posees un tesoro interior (ver la trilogía del camino del héroe en este mismo blog), que puedes hacer aflorar a través de tu desarrollo personal, en lo que puede ayudarte un maestro, gurú, coach… o incluso un libro. El moderno buscaba la perfección: buscaba desembarazarse de su parte oscura para ir a la luz. El posmoderno, en cambio, busca la completitud: integrar su parte oscura. Luz y sombra a la vez. La integración de contrarios –yin y yang– lo mestizo, lo ambivalente y el claroscuro.
Maffesoli habla también de ecosofía: sabiduría de la casa, en el sentido de que el mundo es nuestra casa y que ya no se trata ya de dominarlo, sino de sostenerlo. Tras la crisis económica y financiera palpita una más profunda, la crisis de lo cuantitativo y el anhelo de lo cualitativo: la calidad de vida. Detrás de todos los iconos, emblemas, símbolos, síntomas, está lo emocional. El rey secreto de nuestro tiempo posmoderno, así como lo racional lo fue del pasado moderno. Un buen ejemplo de ello es el fútbol, que también ha sido protagonista de nuestras vidas este fin de semana.
La tradición cartesiana del «yo soy dueño de mí» ha sido reemplazada por el desparrame emocional: «Je m´éclate!», que es lo que dice Maffesoli que es lo que proclaman los jóvenes franceses en sus celebraciones. Algo que podríamos traducir como: «¡Yo me estallo!». Es la entrega emocional al grupo, que hace que nos dejemos llevar por la emoción del estadio de fútbol, que es un modo de religión. Algo que me ha parecido muy adecuado con el mes que estamos viviendo, de indignados, cambios políticos, “champions” y otras celebraciones.
Tengo que reconocer que he vivido una buena parte de mi vida bajo la dictadura de la razón, y que siempre me costó conciliarla con las emociones, sobre todo cuando ejercía como ingeniera. Quizá por eso estoy pendiente del pulso de este momento único, como muchos de vosotros. Desde la emoción, el respeto y la esperanza en que un mundo mejor es posible. Unidos en una cadena humana más fluida y cohesionada, como las gotas que configuran el océano.


Happythankyoumoreplease es el título de una película y significa literalmente Felizgraciasmásporfavor, en clara alusión a toda una filosofía de vida basada en el sentimiento gratitud.
Trata sobre apreciar lo bueno que nos sucede, darle la importancia que merece y nombrarlo, convocando que se repita y entre a formar parte de nuestra vida. Una referencia a la que añadiría una segunda reflexión, para cuando lo que nos sucede no es tan agradable, y es la mencionada en la entrada titulada «Te regalo una Rosa» que anima a trabajar el negativo de las situaciones, en el sentido fotográfico, y enfocarnos en el aprendizaje que nos han aportado. Y entonces… ¡Agradecer simplemente! Lo que nos evitará anclarnos en el dolor y neutralizará el rencor. Gratitud no sólo para atraer lo que deseamos, sino también para pasar página y continuar nuestro camino reforzados.
El enfoque de su director y protagonista Josh Radnor es muy cotidiano, lo que facilita identificarse con lo que sucede. Cuando le preguntan si cree haber retratado a una generación responde: “pretender definir los sentimientos de esta supuesta generación perdida no era mi objetivo, porque llevaría inevitablemente a una mala película, considero más estimulante escribir sobre gente perdida que busca su lugar”. Y añade, “alguien dijo que los que no hemos vivido dramas tercermundistas, ni hemos sufrido por hambre o epidemias, no podemos permitirnos estar deprimidos. Y quizá sea así, la depresión es un lujo y cuando las necesidades vitales están cubiertas, podemos ser existenciales.”
Una película bella y sensible, que invita a dar, confiar y vivir la vida positivamente. Además, personalmente me ha dado motivos para creer aún más en las nuevas generacionesy la canción final: “Sing happy” de Kate Mara (de un musical de Broadway que en su día hizo famosa Liza Minelli) me ha parecido el broche perfecto porque, aunque como a tí me suceden todo tipo de situaciones y hay temporadas con cierta acumulación de obstáculos, ¡yo soy de finales felices!
Guillermo Ladrón de Guevara Fernández es el creador de Ocularium e inauguró un nuevo concepto de Óptica el pasado viernes: Ocularium, especializado en Soluciones Visuales Integrales. A continuación, nos cuenta su experiencia de Transición Profesional:
«Soy Óptico–Optometrista y he trabajado durante 20 años como Gerente de Centros Ópticos para General Óptica, dónde tuve la oportunidad de asumir numerosos retos profesionales en proyectos que en muchas ocasiones han sido pioneros, lo que me permitió consolidar experiencia en apertura de nuevos mercados, visión de negocio y gestión de equipos de trabajo.
Acudí a María José en septiembre de 2010, porque sentía que había tocado techo profesional y decidí realizar un Proceso de Transición Profesional con ella en Barcelona, con el propósito de reconducir mi trayectoria. El primer logro que conseguí gracias al trabajo que realicé con ella, fue saber abandonar con éxito la Zona de Confort profesional en la que me encontraba. Además, se involucró plenamente para ayudarme a identificar mi talento y capacidades, realizando conmigo una revisión completa de mi trayectoria, en la que clarifiqué mi situación profesional y salieron a la luz mis verdaderas motivaciones y valores personales, lo que me permitió dar el paso que necesitaba para emprender un negocio propio, algo que siempre me había ilusionado.
Para poner en marcha mi proyecto necesité completar mi formación en algunas áreas empresariales que no dominaba y realicé un curso formativo de Creación de Empresas -Proyecto IndeCom, Vivero de Empresas del Ayuntamiento de San Fernando, monitorizado por la Cámara de Comercio-. Una vez terminado el Plan de Empresa, empecé a ponerme en marcha y lo presenté al Concurso de Ideas Empresariales del IMPI, que me concedió el Primer Premio del concurso y un apoyo económico complementario a mi andadura emprendedora que aprovecho para agradecer aquí.
Y así surgió OCULARIUM, un proyecto profesional dónde ofrecemos Soluciones Ópticas Integrales y en el que he puesto todas mis ilusiones. Un proyecto en el que confluye pasión, compromiso con mi profesión y experiencia, por lo que me he sentido personalmente recompensado desde el primer instante. Ahora, con más perspectiva, valoro mi decisión de acudir a Kaaizen Barcelona como un gran acierto y recomiendo el Programa de Transición a cualquier profesional que esté planteándose un cambio, porque mi vida profesional ha dado un giro de 360º y me siento mucho más feliz.
Recomiendo a María José como mentora y experta en detección de valores y talento en Procesos de Transición. Es muy buena analista y tiene una capacidad de escucha sobresaliente. En todo el proceso me ha transmitido confianza y respeto. He alcanzado objetivos que no me hubiese marcado individualmente sin su ayuda.”

Estos días he visto “The company men”, una película sobre despidos que me pareció que reflejaba bastante bien los sentimientos que se sienten ante la pérdida de empleo (dentro de un contexto estadounidense, eso sí).
La película me recordó a muchas situaciones que he vivido en directo, a través de amigos y clientes, tanto cuando trabajé en multinacionales como cuando yo misma me desvinculé, hace más de una década. Desde entonces me dedico a la Transición Profesional, Reinvención, Coaching y Outplacement, lo que me ha hecho conocer muchas más situaciones de este tipo e incluso especializarme en ellas.
Algunos aspectos de la película son matizables, empezando por el título y el perfil de su protagonistas, casi todos masculinos. Faltan mujeres con perfiles profesionales interesantes. Algo similar sucede con las estructuras familiares, son todas muy clásicas. Eché de menos alguna familia monoparental, unipersonal o en la que ambos cónyuges tuvieran un nivel laboral equiparable, algo que la hubiera enriquecido, ofreciendo una perspectiva más completa. No obstante, los tres perfiles masculinos protagonistas son creíbles y reflejan bien los sentimientos que conlleva la pérdida de empleo y su duelo asociado: desolación, frustración, enfado, incertidumbre, etc.
A nivel de valores, también aparece todo un abanico sobre el que reflexionar. Los valores de la empresa, que se transmiten y manifiestan de forma diferente cada uno de los involucrados. Los valores personales de cada cual, que en la mayoría de los casos salen reforzados ante la pérdida. Los valores del entorno afectivo, que contrastan con los del afectado, para bien y para mal. Y por último, los valores empresariales renovados, que evolucionan a raíz de la situación, consolidándose tras la reinvención profesional, al emprender nuevo negocio o al incorporarse a otra cultura de empresa.
La película refleja muy bien los sentimientos, valores y la búsqueda de sentido que conlleva el proceso de búsqueda de una nueva opción profesional. Por eso, te la recomiendo si estás inmerso en una situación de este tipo o te interesa el tema, y también te animo a perseverar en tu búsqueda con creatividad. Ofrece una buena perspectiva del proceso de salida -o desvinculación– de las grandes compañías, del outplacement y de la importancia de las relaciones con otras personas también en búsqueda y con el entorno.