Ene 11
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(Del libro: “Management Challenges for de 21st Century” de Peter F. Drucker.)
Estamos en la economía del conocimiento y según Drucker, en este contexto sólo tienen éxito los que se conocen y gestionan a sí mismos –sus puntos fuertes, la forma en que logran sus mejores resultados y sus valores-.
Él se vio obligado a elegir entre sus valores y su dedicación a mediados de los años treinta, cuando le iba muy bien como banquero de inversiones en Londres y no había ninguna duda de que ese trabajo se correspondía con sus habilidades. Sin embargo, Drucker no sentía que estuviera realizando ninguna aportación, lo que le importaba eran las personas y no tenía ningún interés por convertirse en hombre más rico del cementerio. Por eso y a pesar de la prolongada depresión económica abandonó su trabajo, y el tiempo demostró que hizo lo correcto. Dicho con sus propias palabras, hay muchos factores importantes en la autogestión pero los valores son y deberían ser la prueba definitiva.
Los personajes que han tenido más éxito en la historia de la humanidad Napoleón, Da Vinci, Mozart, etc. siempre se han gestionado a sí mismos, aunque esto no dejaba de ser una excepción y tanto su talento como sus logros podrían considerarse fuera de los límites de la existencia humana corriente. Ahora, incluso los que tenemos unos recursos modestos, tendremos que aprender a gestionarnos y desarrollarnos por nosotros mismos, situándonos dónde podamos realizar nuestra mayor aportación y manteniéndonos con la mente alerta y ocupada a lo largo de una vida laboral más extensa, lo que implica saber cómo y cuándo debemos cambiar de trabajo.
Algunas preguntas y fundamentos clave para la autogestión:
1) ¿Cuáles son mis puntos fuertes? Sólo podemos ser efectivos a partir de ellos. No es posible basar el rendimiento en las debilidades y mucho menos en algo que no se es capaz de hacer en absoluto.
La única forma de descubrirlos es realizar el análisis de nuestras propias experiencias o feedback, anotando lo que esperamos que ocurra cada vez que tomemos una decisión importante o acción clave, y comparando esas anotaciones con los resultados reales nueve o doce meses después.
De este análisis de la experiencia pueden surgir varias conclusiones en materia de acción:1) los puntos fuertes en sí, aquellos donde nuestras habilidades producen resultados, 2) áreas de mejora o carencias que podemos compensar, 3) áreas en que nuestra arrogancia intelectual nos provoca parálisis, invitándonos a superarlas y, por último, 4) malos hábitos, cosas que hacemos o dejamos de hacer que inhiben nuestro rendimiento o efectividad.
Todos tenemos un gran número de áreas para las que no tenemos ningún talento o habilidad y baja probabilidad de destacar. Un trabajador de la era del conocimiento sería mejor que no asumiera trabajos en esas áreas, tareas o cargos, para evitar así desperdiciar tiempo en actividades en las no somos muy competentes y en las que por lo tanto, sólo llegaríamos a un desempeño mediocre. De ese modo, favoreceremos otras áreas en las que podemos llegar a conseguir rendimientos excelentes. Sin embargo, muchos profesores, organizaciones y personas, se concentran en tratar de convertir a una persona incompetente en mediocre, cuando sería mucho más ventajoso para todos canalizar la energía, recursos y su tiempo en convertirlos en profesionales excelentes.
2) Otras cuestiones de Drucker. Hay otras preguntas clave en la gestión de uno mismo que tendremos que plantearnos en algún momento y sobre las que profundizaré en próximas entradas:
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3) Las organizaciones, al igual que las personas, tienen unos valores. Para ser efectivo en una organización, los valores de una persona deben ser compatibles con los de la organización. No es necesario que sean los mismos, pero deben ser lo suficientemente próximos para coexistir. De lo contrario, la persona se sentirá frustrada y no generará resultados.
4) ¿Adónde pertenecemos? Algunas personas saben muy pronto adónde pertenecen. Los matemáticos, los músicos y los cocineros, por ejemplo, ya son matemáticos, músicos o cocineros a los cuatro o cinco años. Los médicos, por lo general, deciden sus carreras en la adolescencia, si no antes. No obstante, la mayor parte de las personas, especialmente las personas con destacadas aptitudes, no sabe realmente a dónde pertenece hasta que han pasado los 25 años. Sin embargo, para entonces, ya deberían conocer las respuestas a las tres preguntas: «¿Cuáles son mis puntos fuertes?», «¿Cómo soy eficiente?» y «¿Cuáles son mis valores?».Y entonces pueden decidir adónde pertenecen.
CONTINUARÁ ¿Por qué una segunda carrera? -Cuestiones de P. Drucker (2/3)
La frustración es un sentimiento que aparece cuando no conseguimos lo que queremos o nos suceden situaciones no deseadas. Según la intensidad del sentimiento y nuestra propia forma de ser, podemos reaccionar ante ella con enfado, angustia, ansiedad, etc. Reaccionamos como si el sufrimiento que provoca esa frustración fuera definitivo y pudiera acabar con nosotros y no como lo que es, una una situación puramente transitoria.
De alguna manera, tenemos la creencia errónea de que las emociones negativas no forman parte de nuestra vida y por eso, ese tipo de sentimientos nos hace sentir fracasados, cuando la mayoría de las veces, son la respuesta adecuada a la situación que atravesamos, algo que sucede tanto ante la contrariedad como ante el fracaso. Son circunstancias momentáneas, que forman parte de la vida, y es importante asumirlo, para no anular el proceso de aprendizaje que conllevan.
En la infancia creemos que todo el mundo gira alrededor nuestro, que lo merecemos todo y además, en el instante preciso que lo requerimos. No sabemos esperar porque no tenemos desarrollado el concepto del tiempo, ni la empatía suficiente para pensar en los deseos y necesidades de los demás. Es entonces cuando se empieza a aprender a tolerar la frustración, cuando nos ponen límites y nos sentimos «despojados» de lo que «necesitamos» en un instante determinado. Como niños no tenemos las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar ese malestar. Por eso, si siempre nos dan lo que pedimos, no aprendemos a soportar la molestia de postergar nuestros deseos. En ese caso, al llegar a la edad adulta seguiremos sintiéndonos mal cada vez que nos veamos obligados a posponer una satisfacción.
Las personas con baja tolerancia a la frustración necesitan eliminar ese malestar inmediatamente, por lo tanto, hacen lo más fácil o lo primero que se les ocurre para conseguirlo. Piensan en su bienestar a muy corto plazo y pasan por alto las consecuencias de sus acciones a medio y largo plazo. Por eso, ante cualquier frustración por pequeña que sea, restan importancia a sus verdaderos deseos y los supeditan a esa satisfacción inmediata, con la consiguiente desmotivación y abandono de sus auténticas metas o proyectos de futuro.
Si no somos capaces de tolerar la más mínima molestia, contratiempo o demora en la satisfacción de nuestros deseos, nuestra vida se llenará de tragedias innecesarias, que nos estresarán y nos harán sentir insatisfechos. Por contra, cuando conseguimos tolerar las frustraciones, la vida mejora y conlleva mucho menos estrés, ya que podemos enfocarnos en convertir los problemas en oportunidades de cambio y mejora, resolviéndolos más allá de la pura reacción o escape.
La tolerancia a la frustración es vital para una vida feliz y, aunque requiere paciencia para desarrollarla, es importante tener en cuenta que no tiene tanto que ver con los tiempos de espera, como con la capacidad de soportar el dolor sin perturbarte emocionalmente. Por eso, es inútil seguir esperando soluciones mágicas e inmediatas, porque de lo que se trata es de modificar tu actitud ante las frustraciones cuanto antes.
Una baja tolerancia a la frustración está relacionada con dos aspectos:
La frustración forma parte de la vida y, aunque no podemos evitarla, podemos aprender a gestionarla:
¿Recuerdas un anuncio de televisión en el que se decía que según Freud, una garantía de salud mental es ser capaz de amar y trabajar? No es un razonamiento nuevo y muchos expertos se refieren a ese concepto, o a otros próximos. En concreto, Stanley Krippner, un investigador de sueños que me gusta mucho dice: “Ama y trabaja. No hay nada más transpersonal, porque amar es volcarse más allá del ego individual y trabajar es volcar los propios recursos en el mundo. Si amas y trabajas, estás psicológicamente sano, y de ese modo, sanas al mundo.»
Viktor Frankl también alude en cierto modo a este concepto, cuando hace referencia a la evolución personal: “Cuanto más se olvida uno de sí mismo –al entregarse a una causa o a alguien, más humano se vuelve y más perfecciona sus capacidades. O en otras palabras, la autorrealización no se logra a la manera de un fin, sino más bien como el fruto legítimo de la propia transcendencia.”
Por eso y porque como ya sabes, aprovecho cualquier oportunidad para intentar animarte a ejercer tu talento individual, te ofrezco aquí una versión reducida de un escrito de Khalil Gibran sobre el trabajo (extraído de El Profeta):
«Trabajamos para ir al ritmo de la tierra, el de su alma y el de las estaciones.
Así nos convertimos en flauta, para transformar el murmullo de las horas en música.
¿Quién querría ser una caña silenciosa, cuando todo canta al unísono?
Amar la vida a través del trabajo, es desentrañar su secreto más íntimo.
La vida es tinieblas si no hay impulso, pero el impulso es ciego sin conocimiento.
Todo conocimiento es vano si no lo ejercemos, pero el trabajo es vacío sin amor.
El trabajo es amor hecho visible y si no lo realizamos con amor,
aunque cantemos como los ángeles, amortiguamos la voz del día y la noche.
Al trabajar con amor, tejemos con hilos del corazón como para vestir a un ser amado;
construimos con cariño, para que la casa pueda habitarla un ser querido;
o sembramos con ternura y cosechamos con alegría para alimentarlo.
Así ponemos un soplo de nuestro espíritu en todo aquello a lo que damos forma.»
¡Te deseo amor y trabajo!

El Mito de la Caverna es una explicación metafórica que utilizó Platón para explicar la situación en la que se encuentra el ser humano con respecto al conocimiento. Es una de las alegorías más célebres de la historia de la filosofía y es muy significativa con respecto al pensamiento platónico.
Platón propone la existencia de dos mundos, muy diferentes y a la vez, relacionados entre sí: un mundo sensible formado por objetos materiales que conocemos a través de los sentidos, y un mundo inteligible formado por ideas universales que alcanzamos exclusivamente a través de la razón.
Matrix es una película inspirada en dicha alegoría, entre otras teorías, que se ha convertido en un referente cinematográfico del concepto platónico. En un determinado momento, Neo, el protagonista de la película, se enfrenta a una difícil elección representada por dos píldoras, una roja y otra azul. En ese momento, debe elegir qué píldora tomar y será una decisión de la que no habrá vuelta atrás.
La píldora azul representa seguir dormidos en la ignorancia del mundo conocido, mientras que la roja simboliza renacer y aceptar la entrada en una nueva realidad. En términos del símil platónico, la segunda simboliza salir de la caverna y atrevernos a abandonar nuestro mundo interpretativo conocido, asumiendo el riesgo que eso conlleva. Ni que decir tiene que el protagonista elije la píldora roja y acepta el reto de lo desconocido, porque si no, se acabaría la película como sucede, de forma figurada, en nuestra vida cuando rechazamos «la llamada a la aventura«.
A continuación, os incluyo un video comparativo entre película y alegoría, que espero que disfrutéis:
La Zona de Confort es un término muy utilizado en el ámbito del coaching que, de alguna manera, podemos asimilar también a la caverna de Platón. En definitiva, es el conjunto de límites y creencias que las personas confundimos con nuestro marco de existencia, aquellos ambientes y comportamientos con los que nos sentimos seguros y que sin embargo no sólo no están exentos de riesgo, sino que incluso limitan nuestro crecimiento (ver ).
Si eres emprendedor, quizá no te sientas en un lugar profesional cómodo o seguro, de hecho, si eso sucede, es posible que te estés instalando en un nivel de rendimiento inferior al de tu verdadera capacidad (píldora azul). Ese es el punto en el que la mayoría de los proyectos emprendedores fracasan, al reducirse a un lugar pequeño y limitado donde dejan de ser productivos. Es entonces cuando dejamos de aprovechar las oportunidades de crecer.
Cinco consejos para salir de la Zona de Confort (píldora roja):
1. Crear el hábitos que lo favorezcan. Hacer un esfuerzo cada día por salir de las actividades que nos resultan más rutinarias y rodearnos de las tareas, las personas y los hábitos que nos faciliten la apertura a nuevas posibilidades.
2. Evitar la inercia cuando las cosas van bien. Seguir buscando activamente desafíos que nos conduzcan a nuevos ámbitos y mantener las rutinas que nos alejen de esa inercia.
3. Hacer una lista de las situaciones que evitamos. Analizar las causas y revisarlas, activando aquellas actuaciones que evitamos sólo por comodidad, pero consideramos necesarias.
4. Atender a los conflictos que aparecen en nuestra vida. Los problemas no resueltos que nos irritan, atemorizan o entristecen, acabarán convirtiéndose en serios obstáculos para el avance de nuestros proyectos
5. Ponerse una alarma para cuando se sienta la tentación de refugiarse en la Zona de Confort, para evitar rendirse a su enorme influencia. Su seguridad aparente hace que seamos capaces de pagar un precio demasiado alto por ella, sacrificando los sueños y la vida misma.
En general, seas o no emprendedor, es importante que te permitas cometer errores y te acostumbres a resolver los conflictos, participando activamente de la dinámica de este proceso y evitando permanecer en la Zona de Confort demasiado tiempo, ya que se trata de una zona de escaso crecimiento y volviendo a la alegoría de Platón, nada más alejado del doloroso proceso por el que los seres humanos llegamos al conocimiento.
A continuación, por si te interesa profundicar un poco más en el Mito de la Caverna de Platón, te ofrezco un video explicativo muy completo que espero que sea de tu interés:
Hace seis años contraté los servicios de María-José por primera vez, cuando trabajaba en su consultoría anterior -Acambio- y en un momento en que atravesaba unas circunstancias profesionales delicadas. El proceso que realicé con ella y la metodología rigurosa y profesional que utilizamos, me facilitaron resultados tan satisfactorios que he vuelto a ponerme en contacto con ella en dos ocasiones en las que me volví a plantear nuevas transiciones, la última bajo su nueva marca Kaaizen y con servicios renovados.He podido identificar los valores más relevantes de mi perfil, tanto desde el punto de vista profesional como personal, y he tomado consciencia de mis puntos fuertes y débiles. Lo que hace que en la actualidad sea capaz de ofrecermi máximo potencial en todos mis ámbitos de competencia, utilizando mis recursos de forma más eficaz para conseguir los resultados esperados.
Actualmente ejerzo como consultor freelance, en temás estratégicos y de comercio exterior para diferentes mercados, aprovechando mi conocimiento en diversos sectores y disciplinas, así como mi experiencia en entornos internacionales de cierta complejidad. En este momento estoy compaginando tres proyectos internacionales: el primero con una empresa holandesa del sector hospitalario de cobertura mundial, el segundo con una empresa de interim management, en áreas de consultoría a empresas en la India,y el tercero, en una empresa de trading con oficinas en Moscú, Dubai y Hong-Kong.
Mi trabajo con el equipo de kaaizen ha sido clave para afrontar cada una de las etapas que me he planteado. Por eso, siempre que puedo recomiendo sus servicios a amigos y conocidos en circunstancias similares. Considero que tanto las etapas de transición como la de coaching que realicé con posterioridad con Noemí -cocreadora de la nueva marca-, han sido fundamentales para sacar lo mejor de mí y han contribuido a mi acierto con los planes estratégicos que he elaborado recientemente, con empresas muy diferentes y en mi nuevo perfil como consultor experto.
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino.” Dice Viktor Frankl, célebre psiquiatra, filósofo y escritor.
Frankl estuvo tres años en Auschwitz, Dachao y otros dos campos de concentración, y en su conocido libro dice mucho más que lo que abordará esta entrada, en la que sólo comentaré su enfoque de la libertad y responsabilidad personal, dejando otros temas interesantes para más adelante. Dice también el autor: “El talante con el que un hombre acepta su ineludible destino y todo el sufrimiento que le acompaña, le ofrece la singular oportunidad –incluso bajo las circunstancias más adversas- de dotar a su vida de un sentido más profundo. Esa libertad interior, que nadie nos puede arrebatar, es la que confiere a la cada existencia una intención y un sentido, y en esa decisión personal reside la posibilidad de atesorar o rechazar la dignidad moral que cualquier situación difícil ofrece al hombre para su enriquecimiento interior.”
Cuenta también Frankl que una joven mujer, ante la evidencia de su muerte cercana en el barracón del campo de concentración le dijo: “Aquel es el único amigo que me queda en esta soledad”. Y le señaló la rama de un castaño con dos brotes en flor que se veía desde su cama, por la ventana. “A menudo le hablo a ese árbol”, le dijo. Frankl, atónito y sin saber cómo encajar sus palabras, le preguntó con cierta ansiedad: ¿Y le contesta? “¡Sí! Me dice: Estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna”, respondió ella.
“No importa si no esperamos nada de la vida, sino lo que la vida espera de nosotros. Necesitamos un cambio radical en nuestra actitud, dejarnos de interrogar sobre el sentido de la vida y pensar, en cambio, en lo que la existencia nos reclama continua e incesantemente. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea a cada uno en cada instante particular.
La unicidad y singularidad que diferencia a cada individuo, confiriendo un sentido a su existencia, se fundamentan en su trabajo creador y en su capacidad de amar. Cuando se acepta a una persona como un ser irrepetible, insustituible, entonces surge en toda su trascendencia la responsabilidad que el hombre asume ante el sentido de su existencia. Un hombre consciente de su responsabilidad ante otro ser humano o ante una obra inconclusa, jamás podrá tirar su vida por la borda: «conoce el porqué de su existencia y será capaz de soportar casi cualquier cómo.«
A esta característica esencial del hombre, Viktor Frankl la llamó autotrascendencia de la existencia, formulando: ser hombre implica dirigirse hacia algo o alguien distinto de uno mismo, bien sea realizar un valor, alcanzar un sentido o encontrar a otro ser humano. “Cuanto más se olvida uno de sí mismo –al entregarse a una causa o a una persona amada, más humano se vuelve y más perfecciona sus capacidades. En otras palabras, la autorrealización no se logra a la manera de un fin, sino más bien como el fruto legítimo de la propia transcendencia.”
Sin ninguna duda, el hombre es un ser finito y su libertad limitada. No se trata, pues, de librarse de los condicionantes -biológicos, psíquicos y sociológicos-, sino de la libertad para adoptar una postura personal frente a esos condicionantes. El hombre no se limita a existir, sino que decide cuál será su existencia, en qué se convertirá en el minuto siguiente. Por esa misma razón, todo ser humano posee la libertad para cambiar a cada instante. Y la libertad no es la última palabra. La libertad es la mitad del la verdad, es la cara negativa de cualquier fenómeno humano, cuya cara positiva es la responsabilidad.
El cuadro que ilustra este texto es una ilustración inspirada en «La Maternidad», de Oswaldo Guayasamín que personalmente considero un buen ejemplo de trascendencia, por tres motivos: por la madre volcada en su hijo, por la obra como expresión artística de su autor y por último, por la capacidad de conmover y transmitir la emocionalidad con que fue concebido. Como bien declaró el artista: «No hemos perdido la fe en el hombre, en su capacidad de alzarse y construir, porque el arte cubre la vida. Es una forma de amar.»
Y para concluir, otra expresión artística más contemporánea, la que encierra la escena de la bolsa de «American Beauty», una bella secuencia que evidencia el poder de los sentimientos en la interpretación de la realidad y en su transformación. Otra invitación a amar la belleza y la vida, o mejor dicho, la belleza de la vida.
Hoy me gustaría compartir con vosotros un artículo sencillo, musical y esencial. Se trata de una canción inspiradora que me emociona y me anima en la búsqueda de sentido: «The shape of my heart (la forma de mi corazón)» en una versión entrañable, en la que Dominic Miller acompaña con la guitarra a Sting, y de la que os ofrezco aquí mi interpretación libre:
«Muchas veces avanzamos según las circunstancias o aceptamos lo que otros nos dictan, aunque en nuestro interior sigamos inmersos en la búsqueda de nuestro propio sentido.
Conocemos las reglas del juego y el significado de las cartas, y jugamos lo mejor posible con las que nos reparten, sean espadas, bastos, tréboles o corazones (perfectas metáforas de la canción), aunque no reflejen lo que nuestro auténtico corazón alberga y lo mantengamos a buen recaudo, tras una máscara difícil de asociar al amor que cobija.
Es importante actuar con consciencia, sin perdernos en ganancias o pérdidas momentáneas, sin dejarnos deslumbrar por triunfos y fracasos, y sin renunciar a esa búsqueda de sentido, ni a nuestra verdadera esencia.»
En mi viaje iniciático por Latinoamérica aprendí que de la Cruz Andina o Chakana se desprenden casi todos los principios, leyes y creencias del mundo inca, que se formulan en base a trilogías, ligadas a los tres escalones de la cruz que representan lo interior, lo material y lo espiritual. Una de esas ternas son sus tres leyes: AMA SUA (no robar), AMA LLULLA (no mentir) y AMA KELLA (no permanecer ocioso). Días después de este “descubrimiento”, tuve una compañera de viaje antropóloga que me habló de tres actitudes: amar, no irritarse y agradecer, lo que me inspiró a hacer las dos ternas compatibles y a escribir:
Amar lo que te rodea, a los demás y a ti mismo. A tu trabajo que se transforma en servicio a los demás, algo que te trasciende y redunda en realización. Amar como actitud ante la vida y como base para la confianza, porque es incompatible con el miedo.
No irritarse porque de alguna manera, tiene que ver con culpar a los demás y a eludir nuestra responsabilidad individual. No irritarse para no contaminar nuestra esencia con asuntos del ego, para poder así cultivar la autenticidad, sin pretender controlar lo que no está en nuestra mano.
Agradecer como fuente de éxito, prosperidad y abundancia. No sólo lo bueno que nos sucede, sino también el aprendizaje que nos aporta lo no tan bueno. Agradecer porque nos conecta con el mundo, la generosidad del universo y nuestro propósito en la vida.
Mucho tiempo después, me llamó la atención La Contra de La Vanguardia de José Luis Parise y me transportó al momento de aquellas anotaciones, estableciéndose una conexión aún mayor cuando supe que es un estudioso de los caminos iniciáticos, capaz de interpretar y relacionar pasajes del Vedanta con los de los los Evangelios o con textos sufíes. Me apasionó descubrir que sus investigaciones le habían llevado a cuestionarse si los personajes que habían conseguido elevar el techo de la humanidad –como Buda, Cristo, Lao Tse, Viracocha, Confucio o Sócrates- habían nacido con mayor potencial o habían seguido un determinado camino. Tras leer los distintos libros sagrados y viajar en busca de las correspondientes culturas iniciáticas: mayas, incas, aztecas, egipcios, zen, etc., asegura que todos beben del mismo manantial de sabiduría y coinciden en que el estado humano está para ser trascendido y que circunstancias como casarse, tener hijos o desempeñar un determinado trabajo, no son más que un escenario.
Según Parise, existen cuatro principios de cuatro pasos, que cada cultura ha bautizado de forma diferente:
> ¿Desde dónde vas a hacerlo? Significa desde qué paradigma, porque como decía Henry Ford: “Si crees que puedes, tienes razón. Si crees que no puedes también tienes razón». Más que de renunciar, se trata de cambiar de paradigma, de vaciarte primero de los obstáculos mentales para después centrarte en lo que deseas.
Las llamemos leyes, actitudes o principios, sean cuestiones de física o de metafísica, la realidad es que todas ellas provienen de la sabiduría ancestral y coinciden en lo fundamental: amar, conectar con nuestra esencia (y desde ahí con el mundo y con los demás) y agradecer, para que pueda reiniciarse el ciclo.
.En esta tercera entrada dedicada al camino del héroe, me gustaría relacionar la estructura común de todas las historias con actitud y compromiso. En «Héroes Cotidianos», Pilar Jericó apela a la épica personal y a la confianza en el potencial innato, algo que me parece fundamental.
La autora afirma que ese potencial o instinto de supervivencia lo llevamos todos de serie y se manifiesta en las situaciones complicadas de la vida: despidos, cambios de vida, pérdidas afectivas, accidentes, fracasos… Por eso, en este tipo de circunstancias, muchas personas corrientes se convierten en ejemplo de entereza y asumen el protagonismo de sus vidas, al comprometerse con algo más que con ellas mismas.
Los auténticos héroes son seres anónimos que consiguen seguir adelante a pesar de las dificultades, en lugar de habitar en la queja o el lamento. Son inspiradores porque consiguen aprovechar las situaciones límite como lanzadera de su transformación, dando lo mejor de sí mismos y ejerciendo una influencia positiva en su entorno, una actitud que les permite extraer de lo sucedido una transformación beneficiosa.
Es inevitable el dolor, pero se trata de asumirlo como un reto para la maduración, superando las cinco clases de miedo que podemos llegar a sentir según la autora: rechazo, fracaso, pérdida de poder (despido), no supervivencia (no llegar a fin de mes) y cambio.
El detonante de la transformación será crucial para cada cual y el reto comienza en el momento en el que decidimos cambiar algo de nosotros mismos para conseguir una vida más plena, dejando de ser víctimas para erigirnos en los protagonistas de nuestra propia vida.
Para caminar hacia adelante, la autora recomienda hacernos una pregunta: ¿Qué sería lo peor de que ocurriera aquello que más temo? Y a continuación: ¿Qué podría hacer entonces? Tras esta reflexión sólo queda definir un plan de acción y confiar en nuestro bagaje evolutivo.
Por mi parte, me gustaría enfatizar en el hecho de que no hay manera de evitar la travesía cuando llega, nos encuentra y nuestra única salida es adentrarnos en ella y aventurarnos en el recorrido que nos muestra. Por eso, es importante atrevernos a abandonar la Zona de Confort, dar un paso al frente y empezar a construir el futuro que queremos, involucrándonos profundamente en la vida y responsabilizándonos de nuestras elecciones. Esto es válido para superar cualquier situación de crisis, incluyendo afrontar un despido, un cambio profesional o la creación de una empresa. Y requiere un alto grado de compromiso, sobretodo con nosotros mismos.
«El héroe de las mil caras» es un libro de Joseph Campbell, que establece un modelo narrativo denominado “el viaje del héroe”. En él se plantea que existe una estructura común a todas las historias, un patrón de sucesos que se utiliza desde tiempos inmemoriales y en todas las culturas. Además, este modelo es el siguen las transformaciones humanas, tanto a nivel individual como cuando se experimentan en grupos, organizaciones u otro tipo de comunidades.
El modelo consta de tres etapas principales: Separación, Iniciación y Retorno, y Campbell describió doce estadios en su recorrido:
1. Mundo ordinario. El mundo real antes de empezar la historia.
2. La llamada a la aventura. Al protagonista se le presenta un problema, desafío o aventura.
3. Rechazo de la llamada. El miedo al cambio provoca reticencia a aceptar la llamada, una negación a salir de la zona de confort.
4. Encuentro con un mentor o con ayuda sobrenatural. El héroe se encuentra con apoyo que le aporta información y lo entrena para responder al desafío.
5. Primer umbral. Se abandona el mundo ordinario y se cruza el umbral hacia el mundo especial o mágico. El héroe se enfrenta a lo que se conoce como la travesía del desierto.
6. Pruebas, aliados y enemigos. El héroe se encuentra todo tipo de pruebas, enemigos y aliados, lo que hace que pueda aprender las reglas de ese mundo especial.
7. Acercamiento. El héroe va superando las pruebas en su camino.
8. Prueba decisiva. Tiene lugar el momento más crítico, una prueba a vida o muerte.
9. Recompensa. El héroe se ha enfrentado a la muerte y se ha sobrepuesto de su miedo, entonces llega la recompensa.
10. El camino de regreso. El protagonista tiene que volver al mundo ordinario.
11. Resurrección o Iluminación. En el camino de vuelta, tiene lugar otra prueba decisiva en su mundo de origen, el héroe se vuelve a enfrentar a la muerte usando todo lo aprendido. Se ha completado la transformación.
12. Regreso con el elixir. El héroe toma conciencia del conocimiento adquirido (poder) que usa para ayudar a otros en el mundo ordinario.
Existe abundante literatura en referencia a las etapas de este proceso. Personalmente, en lo que se refiere a los procesos de cambio y reinvención me gusta distinguir cinco etapas que os animo a visualizar aquí: Etapas de Reinvención.
Si analizamos el viaje del héroe desde la perspectiva del paso por la vida, hay una parte del camino obligatoria en la primera parte de nuestra vida, que es la integración en el mundo ordinario. Es una etapa en la que se persigue cierto éxito externo, lo que requiere desarrollar un ego fuerte para, como diría Jung, ser capaces de enfrentar la sombra con la que nos encontraremos en etapas posteriores del camino sin que nos devore. Sin embargo, en la segunda parte de la vida, nos volvemos hacia el interior y tomamos contacto con esa sombra. Ésa es la parte del camino voluntaria (etapa tres). A partir de ahí, se trata de una elección y tras ella nos espera todo lo que importa de verdad en la vida: la iniciación, la fase transpersonal y el auténtico desarrollo, en ella se revela la importancia de trascender, de desprendernos del ego para reencontrarnos con nuestra esencia.
Hay un momento para “comprometerse con algo más que con uno mismo”, decía Pilar Jericó en una de sus conferencias y advertía también, cuidado porque del desierto se sale (etapa 4) pero de la negación no siempre (etapa 3). Por eso, me parece importante completar esta trilogía del camino del héroe con una tercera entrada que incluye algunas claves para avanzar en situaciones de crisis y de emprendimiento, tanto profesional como empresarialmente, evitando el estancamiento.
Como complemento, os animo también a leer otro artículo de este blog que hace referencia a un testimonio real de superación y crecimiento personal: Isabel Palomeque, y el libro que ha escrito «Alta sensibilidad» en la que su autora nos descubre su particular elixir de regreso a una nueva realidad.
Dice la protagonista que se beberá cada gota de agua de esta vida, y así lo cuenta en este libro, escrito con la ayuda de la periodista Mónica Garcia Massagué. Un testimonio de superación personal, fiel reflejo de su empeño en ser feliz con las circunstancias que le han tocado vivir, ésas que hicieron cambiar radicalmente su vida una noche de febrero de 2004.
Isabel estaba cenando con unos amigos cuando de pronto, sus músculos se destensaron, intentó gritar y… ya no recuerda nada más. Sufrió un ictus, un accidente cerebral. Seis años después ha conseguido recuperar el timón de su vida, gracias a su espíritu inconformista y luchador, su afán para superar los contratiempos y su capacidad para ser feliz. En “Alta sensibilidad”, Isabel Palomeque comparte sus vivencias y nos explica lo que ha aprendido en su recorrido desde entonces. Un relato sensible y directo, que transmite toda su energía. Lleno de tenacidad, vitalidad y optimismo, escrito con la autenticidad del que ha atravesado un fuerte duelo personal, uno de los peores que se puede experimentar, y con la sabiduría del que sabe por experiencia propia que se puede perder todo en un instante.
En palabras de la propia Isabel: «No és just patir un ictus en plena joventut. I aquesta injustícia no pot ser acceptada sense covar un profund sentiment de rebel•lió. Ho sé perfectament. Ara tinc un nou camí en què també he sabut descobrir la felicitat, un nou lloc ple d’il·lusions, emocions, amors i somnis. Aquesta tossuda rebel·lió és la que em va donar forces. No em vull negar l’oportunitat de ser feliç.»
«No es justo sufrir un ictus en plena juventud. Y esta injusticia no se puede aceptar sin albergar un profundo sentimiento de rebeldía. Lo sé perfectamente. Ahora tengo un nuevo camino en el que también he sabido descubrir la felicidad, un nuevo lugar lleno de ilusiones, emociones, amores y sueños. Esa obstinada rebeldía es la que me dio fuerzas. No me quiero negar la oportunidad de ser feliz. »
La presentación de su libro a cargo de Ima Sanchís, será el próximo 25 de noviembre, a las 19:30 en la Librería Bertrand de Barcelona, en catalán -Edicions 62- y en castellano -Ed. Plataforma-. No obstante, ya se puede adquirir en las librerías desde el 4 de noviembre y está teniendo una excelente acogida en los medios (link a artículo de la vanguardia):

El viaje del héroe es una historia detrás de todas las historias conocidas, la más antigua del mundo. Es un mensaje de sabiduría que trasciende culturas y épocas, y en cierto modo una tradición arquetípica. Jung interpretó que no sólo tenemos aspectos que nos individualizan, sino que tenemos un universo interior común, al que llamó inconsciente colectivo, que nos conecta con los arquetipos del alma y cuyas imágenes compartimos todos.
En el camino del héroe sucede que, a raíz de una pérdida o una misión, el protagonista recibe la llamada a realizar una tarea. Se pone en marcha y, a lo largo del recorrido, se encuentra con adversarios y con ayudantes o aliados, hasta que logra hacer frente a su oponente, vencerlo y hacerse con la «fórmula mágica». Una vez que consigue lo que busca y se deshace de sus adversarios, emprende el camino de regreso a casa enriquecido por la experiencia, que delimita un antes y un después.
Todas las grandes tradiciones, la literatura antigua, la mitología y las religiones han tratado el tema del viaje del héroe o la heroína, desde tiempos inmemoriales. Un viaje con sentido que ha sido considerado como iniciático, al acarrear un aprendizaje que supone una transformación para la persona que los realiza, haciendo que la persona iniciada entre en contacto con el uso de un potencial interior que desconocía tener.
El viaje no tiene que ser un mero desplazamiento geográfico, sino una búsqueda de cambio y renovación que se deriva de la propia experiencia. En consecuencia, hay distintas concepciones y algunas se basan en el estudio, la meditación o en un determinado tipo de vivencias. No obstante, en esos equivalentes espirituales de viaje, los héroes tienen también el espíritu inquieto que es fundamental para emprenderlo. Viajar representa perseguir una aspiración, un anhelo, y no supone huida ni sometimiento, sino evolución y búsqueda. Además, según Jung, la psique humana para evolucionar tiene que dar paso a la integración de la sombra. Por eso, desde el punto de vista iniciático no existe un viaje heroico, o un camino del héroe, que no contemple un encuentro con la sombra, descenso al infierno o confrontación con las fuerzas de la oscuridad.
Estamos evolucionando como personas hacia el arquetipo del Mago, que es un hombre capaz de sanarse a sí mismo a través de su propio recorrido. El viaje del héroe tiene relación con ese arquetipo y evoluciona en forma de espiral ascendente, en la que es posible avanzar aunque muchas veces nos movamos en círculos hacia atrás, y es un recorrido que se emprende reiteradamente a lo largo de la vida. Cada etapa tiene una lección que impartirnos y a veces nos encontramos con situaciones que nos trasladan a etapas previas, de modo que podamos sacar conclusiones y alcanzar nuevos niveles de complejidad intelectual y emocional – se dice que numerológicamente cada 9 años atravesamos por el mismo estadio-.
A través de su recorrido, el Mago adquiere la habilidad de reconocer y acoger la abundancia del universo. A medida que el ciclo se expande, el héroe se acerca a lo que añoraba cuando se sentía «huérfano»: el retorno al edén perdido, primero en el nivel personal y después en el cósmico. Pero en lugar de experimentar la abundancia desde una posición dependiente e infantil, entra en ella desde la interdependencia con los demás, con la naturaleza y con la espiritualidad. De ese modo, lo que aprende es la lección de la felicidad y que nada esencial se pierde.
En próximas entrada, encontrarás las etapas del recorrido del camino, sobre las que existe abundante literatura, siendo uno de los autores más referenciados Joseph Campbell, filósofo y mitógrafo estadounidense, autor de «El héroe de las mil caras». Si te interesa la parte más psicológica de C. G. Jung, te animo a leer la siguiente cápsula.
«Los valores espirituales generan riqueza material», decía Carlos Losada en una entrevista de hace algún tiempo, y tener valores morales -seas creyente o no- es imprescindible para que una sociedad genere riqueza. En ella relaciona valores, con éxito personal y económico, tanto a nivel individual como colectivo, algo que en nuestra sociedad olvidamos con excesiva frecuencia. A continuación sintetizo las ideas principales que trasmitía en la entrevista, sobre un tema siempre vigente.
Sin valores no hay posibilidad de progreso real y sin embargo, existe el “espejismo del corto plazo”, que hace que un directivo sin escrúpulos puede aparentar cierto éxito, aunque a la larga se acabe desvaneciendo. Es ley de vida ya que, al no tener nada más y carecer de valores, se aferrará a su silla a cualquier precio, y es ahí dónde empezará el declive. Sin embargo, los líderes capaces de sacrificar su éxito por el bien colectivo, que poseen equilibrio interior, valores, amigos, aficiones, metas, inquietudes personales… en un momento determinado, pueden desprenderse de su silla, ya que para ellos sólo es un cargo, algo meramente accesorio en sus vidas. Por eso, algunos expertos en selección de directivos, incluyen entre sus baremos uno difícil de cuantificar: “¿cuánto éxito sería capaz de digerir este candidato a directivo?”.
No hay nadie más sordo que un directivo con éxito y algunos líderes, cuando se ven tocados por él, no pueden evitar pensar que son los únicos causantes, haciéndose víctimas de un “error de atribución”, sin tener en cuenta que gran parte de su éxito –o fracaso- viene determinado por las decisiones de sus predecesores, que tomaron decisiones a largo plazo y sin embargo, sólo fueron juzgados por sus consecuencias a corto, cuando aún no se habían manifestado los auténticos resultados de sus acciones. El éxito tiene la dudosa virtud de deformar tu lectura de la realidad, empezando a creer que eres el único causante. Hay quienes entontecen con tan sólo un poquito de éxito y quien necesita mucho para creérselo, pero todos somos vulnerables a él.
El empacho de éxito es pernicioso para quien carece de valores, y es una constante en profesionales, empresarios, políticos, etc. Por eso, se recomienda no elegir directivos que necesiten serlo con desesperación, porque sin valores harán cualquier cosa por seguir mandando y cobrando, y eso es lo que explica muchos casos de corrupción. Y la corrupción hace que nadie se fíe de nadie y genera una falta generalizada de confianza que eleva los costes de transacción: dificulta comprar, vender, conseguir un permiso de forma ágil y transparente… Por eso los países más corruptos son también los más pobres.
Cualquier transacción debe ser fácil y barata porque la sociedad respeta unos valores y así todas las partes se fían: esa confianza, es la gran engrasadora de todo el sistema económico y por sí misma crea prosperidad. Las sociedades con valores son más honradas, y por lo tanto más eficientes y prósperas. Los valores espirituales generan riqueza material.
Hace tres años, conocí a María-José gracias a María, mi mujer, que me la recomendó cuando me planteaba una reorientación de mi carrera profesional hacia otros ámbitos y metas.
Su programa me ayudó a revisar y sobre todo, a valorar toda mi carrera profesional. Aprendí sobre los puntos fuertes de mi experiencia, así como a potenciarlos y comunicarlos, también tomé consciencia de mis áreas de mejora y aprendí a compensarlas, ganando seguridad en mí mismo y consiguiendo un nuevo puesto como Gerente de una empresa industrial acorde con mi nuevo objetivo.
Mi experiencia fue tan positiva que, una vez incorporado en la nueva empresa y a pleno rendimiento, contraté sus servicios para contribuir al fortalecimiento de mis colaboradores. Entonces, María-José supo localizar los puntos de sinergia en mi equipo directivo y enfocarlos a las necesidades de la empresa, contribuyendo al desarrollo continuado de colaboradores y empresa, al ajustar el encaje de sus funciones y potenciar los talentos individuales.
Sus servicios y los del proyecto Kaaizen pueden resultar útiles para reorientar tu carrera profesional, tanto cuando buscas una nueva opción fuera de la compañía como en el seno de la misma, para planificar la evolución de tu trayectoria profesional y la de tus colaboradores, de forma que podáis crecer y en definitiva, hagáis crecer y mejorar a la compañía.
La gestión de la carrera profesional es mucho más que una reacción ante circunstancias laborales adversas, te decía en la entrada de la semana pasada, y también que en la búsqueda de nuevas opciones profesionales, cada vez más personas se ponen en manos de expertos que les acompañan en esa introspección, realizando Programas de Transición Profesional.
Para que esa búsqueda sea más satisfactoria y efectiva, la propuesta desde Kaaizen es la siguiente:
1. Reflexiona sobre tu trayectoria y sobre tu talento, el que has ejercido y sobre el que te gustaría ofrecer. Piensa en las variaciones que quieres introducir a tu carrera, si las hubiera, y en los recursos que necesitas para esa transición.
2. Concreta tu objetivo profesional.No se trata de descartar opciones sino de ir a por la que deseas, por la que crees que puedes realizar con calidad y pasión, con la que encaja con tu propósito de vida en general.
3. Sintetiza en un discurso ágil, de unos tres minutos, quién eres, qué talento ofreces y cuál es tu perfil objetivoen concreto.
4. Prepara tu currículo y argumentación, cuidando especialmente su coherencia, concreción y claridad.
5. Plantéate tu estrategia de búsqueda, de acuerdo con el objetivo elegido, así como tu estrategia de comunicación y networking, offline y online.
6. Implementa tu estrategia online, eligiendo los recursos que vas a utilizar –redes sociales, redes profesionales, contenidos en comunidades, blog, Web y plataformas de empleo en las que quieres estar presente-
7. Date a conocer de forma proactiva y hazte protagonista de tu propia búsqueda.Haz seguimiento de tu visibilidad en la Red y “autogoogleate”, aprovechando para revisar tu mensaje en caso necesario.
Respecto a este último apartado, es todo un arte dar forma a la manera en que queremos ser percibidos en la Red, con nuestra imagen profesional y personal, y construir una “reputación online” con la visibilidad adecuada y acorde a nuestros objetivos. Por eso entre otras cosas, se requiere de esa introspección previa que nos permita decidir la estrategia a seguir dentro de la Web 2.0.
No hay una única forma de moverse en el entramado de la búsqueda de empleo 2.0 y cada profesional deberá elegir la propia. Las redes sociales hacen más visible tu perfil pero no lo hacen más atractivo. La consciencia del talento propio, el planteamiento de un objetivo atractivo y que te apasione, así como una buena estrategia de comunicación, junto con tu potencial de networking, serán los que hagan que destaques a través de los canales tradicionales o los más novedosos. Recuerda que las nuevas plataformas, ofrecen garantías a nivel técnico y son herramientas de apoyo, aunque no garantizan el contenido, que estará sólo bajo tu responsabilidad como profesional.