
Infoempleo, 15nov09 – Laura de Cubas
En la entrevista que Laura Cubas me realizó para este artículo de Infoempleo, como integrante de la consultoría en la que trabajaba entonces, me pareció interesante destacar las siguientes manifestaciones del síndrome: culpa por la supervivencia, búsqueda de responsables y autocondenación.
«El no saber si podían haber hecho más por sus compañeros es devastador y, tras asimilar la situación, empiezan a pensar en si la empresa que les ha salvado no hará lo mismo con ellos más adelante». Esta sensación de inseguridad límite se traduce a corto plazo en el envío compulsivo del currículum -«aquí no importa el dicho de ‘más vale malo conocido’»- y, a la larga, llegan los trastornos psicológicos y físicos que afectan en igual medida tanto a mandos como a empleados.
Llegó la hora de reinventarse – El País_Extra Crisis – 28-10-09. El escenario laboral actual promueve el cambio de trabajo y abre la puerta a ocupaciones inéditas.
A nadie le gustan los cambios. Sin embargo, en muchas ocasiones éstos son necesarios para crecer y mejorar.
Hace más de cuatro años que inicié mi cambio profesional, después de los dos viajes que marcaron mi vida –La India y Bolivia- en los que me inspiré para la búsqueda de mi realización personal y profesional.
Siempre me había sentido más atraída por la salud que por los temas de economía, marketing o finanzas, a los que me dedicaba y, mientras mis compañeros ojeaban revistas de economía, yo me centraba en los de salud holística, o me perdía por las herboristerías y tiendas de productos naturales. No obstante, no fue hasta el momento en que toqué la puerta de María-José, en busca de acompañamiento para ese proceso de transformación que me planteaba, que se inició mi andadura. Entre otras cosas, porque empecé a comprometerme con lo que quería.
Desde entonces, he estado formándome y trabajando en diferentes centros de terapias y acumulando experiencia. Hasta que hace dos meses, he decidido establecerme por mi cuenta como «Entrenadora Nutricional y Energética». Me he focalizado en tres áreas en concreto: La Nutrición consciente basada alimentación energética, Reflexología podal según el método del Dr. Jesús Manzanares y la técnica tailandesa aprendida en WatPo (Bangkok) y el LDMV (Linfo Drenaje Manual Vodder) de la escuela de Ilona Rosvaenge. Complementariamente, organizo formaciones con terapeutas de reconocido prestigio dirigidos a profesionales del sector.
REPORTAJE SOBRE EL DESPIDO: La aceptación es clave para superar el ‘shock’ del despido y encontrar una nueva opción profesional:
El País Negocios, 18oct09 – Borja Vilaseca

Dado que la vida personal y profesional está repleta de principios y finales, lo más importante para mantener la estabilidad emocional es saber afrontar con entereza los diferentes puntos de inflexión que van surgiendo por el camino, aceptando las emociones que conllevan, sean positivas y negativas.
Mi intervención en la sección de tendencias del programa «Economia i Empresa» del informativo de Catalunya Informaciò de Catalunya Radio (Queta Karmany) presentando la Consultoría de Desarrollo Profesional de la que soy cocreadora y sus «Programas de Transición y Cambio Profesional»
Además, en la alocución se hace referencia a algunos testimonios de cambio que te inspirarán. ¡No te lo pierdas!
Radio Blanes (entrevista sobre viaje sabático en Radio Blanes, «Magazine del dissabte», Olga Jaumot y Sonia Bergós). El programa es sobre viajes y aprovechando mi recorrido sabático, doy el testimonio personal de mi reinvención profesional, la clave de mi cambio profesional a raíz de esa experiencia.
Huellas en el mar
sangre en nuestro hogar
por qué tenemos que ir tan lejos
para estar acá, para estar acá.
(Plateado sobre plateado
-Huellas en el mar-
Charly García)
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Actuaba como si fuera invencible, aunque nunca me lo hubiera planteado, una creencia de origen desconocido que tenía desde pequeña y que hacía que muy pocas veces pidiera ayuda. Una característica que contrastaba con la fragilidad que a veces proyectaba. Como si las razones y las emociones, transitaran por senderos diferentes que no se cruzaban jamás. Por eso, era capaz de extraer la fuerza que necesitaba de mi cabeza, aunque por dentro me sintiera rota.
La primera vez que había tenido la tentación de pedir ayuda había sido cuando se marchó Chilen. Sin embargo, no sólo no lo hice sino que tan solo unos instantes después, todo empezó a mejorar, como si sólo el hecho de reconocerlo hubiera sido suficiente. Así que seguí adelante y dejé que mi cerebro tomara las riendas, aunque siguiera afectada por su pérdida y por la pasión que sentía por él.
Sin embargo, aquella segunda vez fue diferente. La mala noticia era laboral y la trajo una carta desagradable el día 5 de enero de 2001. El cinco, ese número tan simbólico en mi vida y en una noche tan mágica. Sentí un pánico irracional y repentino que me impidió dormir durante una semana entera, revelándome que esta vez no debía enfrentarlo sola.
Me invadió una intensa sensación de vulnerabilidad, al ver que, entre líneas y haciendo uso de eufemismos diversos, mi jefe me estaba colocando en la puerta de salida de la compañía, confirmando así mi premonición de unos días antes y lo certera que había sido mi intuición.
Me di cuenta del apego que tenía a la estabilidad que me proporcionaba la nómina, la razón principal de aquel miedo. Sí, porque no me gustaba lo que hacía y llevaba tiempo deseando un cambio profesional. Sin embargo, me sentía paralizada al ver que se estaba avecinando de una forma imprevista, que podía afectar a mi modo de vida.
Me sentí amenazada y por eso esta vez no dudé en pedir ayuda: médico, abogado, familia y amigos. Todos los expertos y afectos a mi alcance para recorrer con éxito la travesía: el abogado me orientaba, el médico me apoyaba, el psicólogo me escuchaba, Tanit me acompañaba emocionalmente, en pensamientos y en trámites, Javier velaba mi sueño para asegurar mi descanso, mi hermana mayor se erigió en portavoz familiar y Julen me llamaba cada noche para asesorarme. Con una red así, ¡el éxito estaba asegurado!
Lo que parecía un final se convirtió en el principio de un viaje hacia mi renovación, tan expansivo como tortuoso que me acercó a la persona que deseaba ser, recorriendo ese camino eterno en el que todavía estoy inmersa, sólo que ahora fluyendo.
Superando los obstáculos que a veces se interponen, uno tras otro. Son ellos los que me descubrieron el instinto de supervivencia y me demostraron que podemos con todo lo que nos ocurra, no porque seamos invencibles, sino porque la realidad casi nunca es tan terrible como nuestros peores miedos. Porque tenemos más fuerza de la que nosotros mismos creemos y por eso no vale la pena anticipar temores.
Me di cuenta de que cuando no hacemos caso a los sueños que nos pertenecen y los postergamos sin motivo, un día irrumpen de repente, obligándonos a ocuparnos definitivamente de ellos.
Adoptan forma de crisis y entonces, ya no tiene sentido esquivarlos por más tiempo. Y así fue como se materializó el viaje para el que estaba predestinada, el sueño panamericano.
CONTINUARÁ (El libro está disponible. Se publicó el 5 de septiembre de 2012. Para más información, haz clic aquí: Pasaporte a la Reinvención)
Imprescindible como libro de cabecera. Cada una de las leyes nos desvela un principio básico, narrado de forma tan sencilla que a veces es necesario releerlo para que no se nos escape la importancia de su mensaje, sabio y preciso. Me gustaría destacar aquí, por la temática de este blog, la séptima ley, la ley del dharma o del propósito en la vida:
«Todos tenemos un propósito en la vida, un don singular o un talento especial que podemos ofrecer a los demás. No existe nadie sobre el planeta que tenga el mismo talento singular o la misma expresión de ese talento. Cuando haces algo de esa forma determinada que sólo tú en el mundo sabes hacer, pierdes la noción del tiempo; y al combinar ese ejercicio con el servicio a los demás, consigues exaltar tu propio espíritu, la finalidad última de todos los objetivos.»
Un libro clave para el desarrollo de las capacidades de liderazgo, que ofrece el equilibrio óptimo entre teoría y práctica. Nos permite, a través de una lectura amena, incorporar las nociones básicas sobre el aprendizaje del liderazgo. Nos inspira en lo que podemos llegar a ser, si tenemos una visión clara de nuestro propósito, al conseguir movilizar nuestro motor interior hacia nuestro objetivo.
Incluye ejemplos de líderes destacados como Gandhi y Mandela, y citas valiosas, entre las que hemos seleccionado cuatro, vinculadas a lo profesional:
“No nos da miedo emprender ciertas cosas porque son difíciles. Son difíciles porque nos da miedo emprenderlas.” SÉNECA
“Sé quién de verdad eres. Descubre tus talentos y tu propósito en la vida. Esto te llevará a hacer lo que amas y, al hacer las cosas con amor, obtendrás lo que necesitas.” E. FROMM.
“Si vas a dudar de algo, duda de tus límites.” DON WARD.
“Sólo aquellos que se arriesgan a llegar demasiado lejos, descubren qué tan lejos se puede llegar.” T. S. ELIOT.

Su autor, uno de los escritores americanos más significativos en temas de cambio e innovación, es también director ejecutivo de una consultoría de estrategia empresarial. El libro está inspirado en una creencia por la que el autor siente auténtica pasión: “las personas pueden cambiar los patrones arraigados en su forma de pensar, sentir y actuar”.
El autor parte de una afirmación desalentadora, que obtuvo de diversas fuentes de expertos y que asegura que sólo una de cada diez personas que afronta un cambio esencial en su vida, consigue perseverar en él. Una idea que él considera errónea, a tal punto que rebatirla se convierte en su misión.
Recurre a conceptos psicológicos, cognitivos y neurolingüísticos, para reemplazarla por una teoría sencilla, aunque profundamente documentada, que valida a través del estudio de varios casos prácticos.
En su opinión, las tres claves del cambio son: relacionarse, repetir y reorientar. En esta breve reseña me gustaría hacer énfasis en la primera: relacionarse, porque tiene que ver con el sentimiento de esperanza que surge al acudir a un experto para que nos ayude a catalizar el cambio.
Poco después de llegar a México y tras visitar Puebla y Cholula, me dirigí a San Miguel Allende y Guanajuato.

El primero, es un pueblecito colonial Patrimonio de la Humanidad y en él, compartía habitación con dos hermanas tinerfeñas de personalidades muy contrastadas. Una de ellas, llevaba tres años estudiando medicina tradicional en México y conviviendo con los huicholes. Venía de un encuentro con chamanes y decía que todavía estaba afectada de los efectos del peyote. Hablaba muy poco, aunque cualquier cosa que contaba resultaba fascinante, como de otro mundo…
Tuve la suerte de visitar el lugar en plena fiesta de la Alborada, que a ratos compartí con ellas, sintiéndome ajena a aquellas conversaciones que fluctuaban entre lo chamánico y lo cotidiano, que de alguna manera me transportaban a mis orígenes y a los sentimientos que me provocaba mi inminente regreso:
Seguía sin noticias de Javier, al que debía dar encuentro en el D. F., así que decidí acercarme a Guanajuato –otro lugar fantástico, también Patrimonio de la Humanidad. Me instalé un par de días allí, en una ciudad que parecía colgar de las montañas, repleto de túneles subterráneos de piedra que facilitaban la comunicación.
Me llamó la atención el acceso al edificio de la Universidad, a través de una inmensa puerta que parecía salir directamente de la amplia escalinata de la calle. Una edificación totalmente encajada y bastante significativa de la carencia de espacio que tienen en el núcleo urbano. Además, me maravillaban sus infinitas iglesias, que iba encontrando por doquier.
Me entretuve disfrutando de la extroversión mexicana, su ritmo y musicalidad. Me llamaba la atención escuchar a los hombres cantar por la calle, allá dónde iba, como también me había pasado en Brasil y Cuba. Esa característica, junto con el derroche de color de sus casas, me resultaba contagiosa y me alegraban la vida:
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-CONTINUACIÓN de los Incas (I): Origen y Territorio (§R, pág. 162 y 168)–
Al regresar a Arequipa desde el Cañón del Colca, noté que mi interés por el mundo andino se había desatado con fuerza. El punto culminante de esa conexión, que ya venía desde el Cuzco y Machu Picchu, tuvo lugar en la visita a la exposición de la Momia Juanita.
Su historia me impactó con fuerza, cuando tropecé con ella a la salida del maravilloso Convento de Santa Catalina. Nunca había oído hablar de esa niña, “La Dama del Ampato” y justo se celebraba el séptimo aniversario de su aparición. A sólo tres días de mi cuarenta aniversario y un 8 de marzo, esa fecha que tanto había celebrado con mi amiga Tanit, a la que en esos momentos eché de menos en la distancia.
El 8 de septiembre de 1995, las columnas de humo emitidas por el volcán Sabancaya, en Arequipa, derritieron la nieve que coronaba el vecino volcán Ampato, de 6.380 metros, dejando al descubierto un santuario inca que había permanecido congelado durante casi cuatro siglos.
Los montañistas Miguel Zárate y Johan Reinhard, pioneros en expediciones en busca de santuarios de altura, encontraron el cuerpo congelado de una muchacha de unos quince años, a la que se bautizó como Juanita, que había sido sacrificada siguiendo las legendarias tradiciones andinas.
Los incas sacrificaban niños esporádicamente, cuando creían que los dioses estaban enfadados y les enviaban algún desastre natural por ese motivo. En el caso concreto de Juanita, conocida también como “La Dama de Ampato”, se cree que su sacrificio tuvo lugar a raíz de una sequía, porque las ofrendas que se encontraron en su tumba están relacionadas con el agua y las Illas –ofrendas con forma humana- eran de plata, lo que simboliza agua.
Los niños sacrificados al volcán, eran educados para ello desde su nacimiento y debían ser puros, inocentes y bellos. Se les elegía cuidadosamente y en su piel no debía existir siquiera un lunar. El sacrificio no era traumático porque representaba que pasaban a una vida mejor.
La Niña debió viajar al Cuzco acompañada por una corte de personas importantes de la región, para los rituales que se hacían a tal efecto. Una vez allí, sería recibida por el Inca en persona que le transmitiría su divinidad, asumiendo la realidad de su muerte a partir de ese momento y el contacto con el Apu Ampato -dios andino que habita en la cumbre del Ampato- al que sería ofrendada en un viaje sin retorno.
Después de grandes rituales, Juanita debió ser adormecida antes de que un certero golpe de macana le provocara la muerte. Antes de morir le dieron chicha -una bebida alcohólica de maíz- y hojas de coca, para aliviar los síntomas del mal de altura y anestesiarla ante su destino.
Juanita pertenecía a la nobleza, lo que se sabe por el manto tipo toca que llevaba en la cabeza, entre otros detalles. Compartió la trágica suerte de los niños de Llullaillaco que también fueron sacrificados a los Apus nevados, como ofrendas para evitar la ira de los dioses, manifestada en catástrofes relativamente cotidianas en aquellos lugares: terremotos, erupciones volcánicas, sequías o diluvios.
Estos tres niños tuvieron una muerte terrible y los científicos creen que pudieron morir de frío cuando caminaban hacia la cumbre de la montaña. Los niños de Llullaillaco fueron exhibidos por primera vez en la provincia de Salta, donde se ubica la montaña y hasta donde se extendían los límites del Collasuyo, una de las cuatro provincias del Tahuantinsuyo.
Me sentí contradictoria ¿me estaría influenciando la dualidad del mundo andino? Por un lado me sentía en crisis y con ganas de volver, de estar con los míos, aunque por otro lado, sentía que no tenía claro dónde instalarme todavía.
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En la parte boliviana de Lago Titicaca, visité las Islas del Sol y de la Luna, claras manifestaciones de un Imperio Inca del que venía observando rastros desde Santa Cruz de la Sierra, que ya no me dejaría durante el resto de mi viaje. Cuenta la leyenda que allí, en la Isla del Sol, nacieron «Manco Cápac» y «Mama Oclo», los primeros incas, hijos directos del sol, que además de ser hermanos, fueron matrimonio y el origen de la dinastía.
La tierra nativa de los incas se denomina Tawantinsuyo y en su época de máximo esplendor llegó a tener una extensión de 1.731.900 km², ocupando prácticamente la totalidad de los territorios de Perú y Bolivia actuales, y grandes zonas de Chile, Argentina, Ecuador y Colombia.
Su nombre significa en quechua cuatro naciones –tawa es cuatro y suyo es nación. Así, el territorio estaba dividido en cuatro suyos y en el centro estaba la capital, Cuzco -Qosqo, que significa en quechua: ombligo del mundo- denominada así por ser el centro de su desarrollo desde los inicios de los incas, cuando la fundó Manco Cápac.
En la plaza mayor del Cuzco se inician los caminos hacia los cuatro suyos: Antisuyo -al este, hasta la selva baja amazónica- Collasuyo –al sur, hasta Tucumán en Argentina- Chinchaysuyo –al norte, hasta la ciudad de Pasto en Colombia- y Contisuyo -al oeste, hasta el río Maule en Chile.
El Collasuyo ocupaba todo el territorio andino de Bolivia y su centro neurálgico estaba situado en el altiplano peruano-boliviano, en torno al Lago Titicaca, una de las regiones más densamente pobladas de los Andes, desde los tiempos del estado Tiwanaku. Después de la civilización Tiwanaku y antes de la expansión inca, la zona estuvo configurada por varios reinos independientes denominados aymarás, que compartían fuertes lazos culturales. El más significativo se denominaba Reino Colla y por eso los incas se referían a todos los aymarás con el nombre genérico de coyas. Un nombre utilizado en la actualidad por determinados movimientos indígenas bolivianos para referirse a la república de Bolivia o a su región andina, de mayoría indígena.

Los incas planificaron su territorio geográfico según la Cruz Andina, o Chakana, que simboliza el ojo de Dios y la trilogía del mundo andino: creencias, espiritualidad y leyes. Chakana quiere decir puente o escalera, del mundo terrenal al espiritual. Su forma y dimensiones están inspiradas en La Cruz del Sur.
La ciudad sagrada de Tiwanaku, según el planeamiento del territorio incaico, está situada en el mismo centro de la cruz y, si centramos la Chakana en ese lugar y la orientamos según los puntos cardinales, las ciudades más importantes quedan situadas sobre la diagonal que va del NO al SE con una inclinación de 45º, una línea que se denomina “La ruta de Wiracocha”.
Sobre el vértice superior (NO) del cuadrado interior, se encuentra Cuzco y en el vértice inferior (SE) Potosí. Equidistante entre Cuzco y Tiwanaku, está Pukara y análogamente, equidistante entre Potosí y Tiwanaku, está Oruro –siendo asimismo ambas ciudades, los vértices superior (NO) e inferior (SE) de un cuadrado menor, también centrado en la cruz.
Entre Pukara y Tiwanaku se encuentra el Lago Titicaca y justo en ésa línea de 45º que pasa por todos los enclaves importantes, se encuentran sus dos islas sagradas: la Isla del Sol y la Isla de la Luna. Además, si dibujamos dos círculos concéntricos en la cruz, uno con el radio que definen tanto el Cuzco como Potosí, y otro ligeramente mayor, entre ambos y sobre la diagonal 45º, situaremos las ruinas de Machu Picchu y Ollantaytambo.
Los incas a medida que se iban expandiendo, absorbían conceptos y tecnologías más avanzados. En esto y en su capacidad organizativa, estribó gran parte de su éxito. Wiracocha era su Dios Creador, el supremo de los dioses, lo que identifica la influencia que recibieron de los Tiwanakus, a través de los pobladores que los sucedieron en el Titicaca –aymarás o kollas (coyas)– ya que, con anterioridad, su dios más importante había sido Inti –Dios del Sol.


Recorrí el Lago Titicaca, en su parte boliviana y peruana, y también varios asentamientos próximos al Cuzco: Quenqo, Tambo Machay, Puka Pukara, Templo de la Luna y Saqsayhuaman. El Valle Sagrado – Pisac, Maras, Chinchero, Ollantaytambo y finalmente, la cúspide, MachuPicchu (ascendiendo al Huayna Picchu, altitud 2667 m-.
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A Rurrenabaque se llega habitualmente en aviones de hélice desde la Paz. En nuestro vuelo, había más pasajeros que asientos, así que a algunos de nosotros nos acomodaron entre el equipaje, dónde pasamos un buen rato entre la sorpresa, las risas y el alma en vilo, a causa de las turbulencias y de las condiciones en las que viajábamos.
Una vez en Rurre, nos dirigimos a las Pampas, una zona del Parque Natural de Madidi -preamazonia- en la que estaríamos tres días y en la que nos adentramos siguiendo el curso del río Tuichi, desde el embarcadero de Santa Rosa, una localidad a unas dos horas de Rurre a la que llegamos por un polvoriento y destartalado camino.
Ya en Santa Rosa, dimos encuentro al guía local y tomamos dos canoas hacia nuestro campamento, en un precioso recorrido que hicimos con otros seis viajeros. En el trayecto, nos cruzamos con todo tipo de animales, que seguiríamos observando los siguientes días, la mayoría perfectos desconocidos: capibaras, cuajos, garzas, maribús, tapacarés, anacondas (cobras), caimanes, tortugas, monos, termitas y bunas -unas hormigas que pican, causando un dolor muy intenso- entre muchos otros. Nos alojamos en un lugar habilitado como campamento natural, a orillas del mismo río, custodiado por unos intimidantes caimanes que teníamos que esquivar para bañarnos.
Hacíamos recorridos tanto diurnos como nocturnos, que siempre se iniciaban en barcaza, la única forma de dejar nuestro campamento y la más habitual para transitar por la zona. El primer día me sentí descolocada y cosa extraña en mí, decidí no bañarme en el río. Entre el sudor, el polvo y mis ya célebres tiritas en la cara para proteger mis heridas del sol, no conseguía organizarme. El guía interpretó que tenía miedo y me insistió: ¿No piensas bañarte en tres días? Sin embargo, no tardó en comprobar que no estaba en lo cierto, ¡para mí sería imposible estar en un lugar como aquel y no disfrutar del agua!
Al día siguiente, salimos a avistar serpientes: dos anacondas y una boa, pero… ¿No es mejor que lo veáis y oigáis por vosotros mismos? A continuación podréis ver dos vídeos de la maravillosa zona, el primero con el sonido natural y el segundo en otro idioma (aunque con algunas explicaciones en castellano), ¡lo siento! Es el mejor que he encontrado de la zona que visité y, al fin y al cabo, ¡lo que importa es el paisaje!
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El primer día que estuvimos en La Paz, decidimos tomar el autobús hacia Coroico, un lugar del que nos habían hablado mucho y que no queríamos perdernos. Para llegar, había que transitar por la Carretera de los Yungas, considerada como la más peligrosa del mundo, con su vertiginoso precipicio de más de un kilómetro de caída libre en algunos tramos.
Desde lo algo del desnivel, es posible observar los restos de los últimos vehículos que cayeron al vacío, uno por semana durante aquel mes de agosto… ¡Menos mal que no nos enteramos del promedio hasta que llegamos al destino! En la parte más complicada de la célebre ruta, la carretera se reduce a un estrecho carril de tierra para circular en ambos sentidos, semiderrumbado sobre el vacío. Un tramo de reducida visibilidad en la que la prioridad la tiene el que viaja en dirección La Paz, lo que hizo que tuviéramos que dar tres veces marcha atrás en el camino de ida.
Los turistas que viajaban delante de nosotros, sacaban fotos enfebrecidos en cada una de las maniobras de nuestro microbus porque el espectáculo y las fotos estaban garantizadas. Los vehículos que viajaban en dirección contraria, se comportaban con impaciencia, añadiendo presión a la maniobra a toque de claxon. Nosotras, sólo podíamos confiar o rezar, porque el conductor no nos dio opción a bajarnos. Así que, ¡respirando hondo hasta Coroico! ¡Que horror!
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