Retórica, Storytelling y POSTVERDAD

Mi artículo de este mes de diciembre de la Revista Más Mujer está dedicado a la POSTVERDAD, pero también al deseo de recuparar los VALORES y actuar conforme a ellos, en cualquier ámbito.

POSTVERDADRetórica, storytelling y POSTVERDAD

Las claves para elaborar un buen discurso persuasivo fueron analizadas y descritas por Aristóteles en su libro Retórica, hace ya 2.300 años, y  sus elementos continúan vigentes en el arte de convencer o de conseguir impacto sobre una audiencia:

  • ETHOS: generación de confianza y credibilidad.
  • PATHOS: establecimiento de conexión emocional con la audiencia.
  • LOGOS: razonamiento lógico convincente, basado en hechos y realidades.

Los tres elementos están presentes en cualquier discurso elaborado que se precie, aunque es en el segundo en el que se centran casi todos los relatos políticos y publicitarios actuales.

Postverdad y emociones

Conectar con las emociones de la audiencia es fundamental y se consigue empatizando con ella desde la vulnerabilidad. Para ello, dos recursos muy útiles son la capacidad para contar historias o anécdotas personales (storytelling) y el buen uso de las metáforas para simplificar o ejemplificar los conceptos más complejos.

En definitiva, se trata de elaborar un relato que cuente cómo y por qué la vida cambia a raíz de un incidente desencadenante que ha distorsionado nuestro equilibrio. De centrarse en el porqué, que es el que nos conecta emocionalmente con los demás, porque la argumentación desde esa vulnerabilidad de seres humanos es la que genera emoción y empatía. Por eso, nuestra razón de ser es el cemento que sustenta una buena historia, encandilando a la audiencia y convocando el coraje necesario para seguir adelante.

Hacer un buen uso de la retórica tiene que ver con nuestros valores y ética personal, más que con sus elementos. Invocar a la emoción, en sí mismo, no es ni bueno ni malo. Nuestro relato emocional puede estar basado en los hechos objetivos o sólo en nuestra verdad (LOGOS), puede basarse en la ética o en la manipulación de creencias (ETHOS); pero si consigue movilizar a nuestros interlocutores, de algún modo, funciona. Si el relato está bien hilado y apela a una emoción colectiva, se convierte en verdad absoluta para una buena parte de la audiencia, aunque el razonamiento sea sesgado e incluso nuestro oyente tenga consciencia de ese sesgo.

Postverdad como palabra del año

Ya en la Antigua Grecia se había señalado el estudio de la retórica –e incluso a la poesía- como un instrumento de demagogia, tal y como sucede ahora con la postverdad. Vinculamos la manipulación actual de los medios a la postverdad (post-truth), una palabra que fue elegida como palabra del año en 2016, a raíz de la elección de Donald Trump, cuando se empezó a hablar también de noticias falsas (fake news), pero viene de muy atrás… Sólo que entonces, se evidenció más que nunca el poder de manipulación de la información sobre nuestras emociones e intenciones.

El problema no está en la retórica, ni en el storytelling -que es extremadamente útil en muchos contextos- ni siquiera en la postverdad, que en muchas ocasiones está en nuestra mano cuestionar y desenmascarar. La cuestión está en el mal uso de esos recursos emocionales, en la falta de ética y en la ausencia de valores.

¿Qué palabra del año deseas para 2019? Yo deseo VALORES para este mundo nuestro…  ¡Felices fiestas!

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